Sala completamente llena para ver a Arantxa Echevarria y su película Carmen y Lola. Maravillosa historia de amor para celebrar el día de San Valentín. La directora nos sorprendió trayendo con ella la estatuilla del Goya a la mejor dirección novel recibida hace 10 días en Sevilla. El Goya recorrió toda la sala, pasando de mano en mano por los espectadores que asistieron alborozados al acontecimiento.
En el coloquio le acompañó la productora Nieves Maroto y ejerció de moderador nuestro programador Jaime Gona.

Carmen es una adolescente gitana que vive en el extrarradio de Madrid. Como cualquier otra gitana, está destinada a vivir una vida que se repite generación tras generación: casarse y criar a tantos niños como sea posible. Pero un día conoce a Lola, una gitana poco común que sueña con ir a la universidad, dibuja graffitis de pájaros y es diferente. Carmen desarrolla rápidamente una complicidad con Lola, y ambas tratarán de llevar hacia delante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones sociales a las que tienen que verse sometidas por su familia.

La cinta comienza como si fuera un documental de ambientes gitanos, pero poco a poco se va convirtiendo en una película a partir del momento en el que las dos protagonistas se conocen, se miran y quedan atrapadas la una por la otra. Lola con los sentimientos más claros desde el principio y Carmen que va aprendiendo a amar a su amiga, teniendo que enfrentarse a ella mismo y a todos los prejuicios que tiene sobre el amor entre dos mujeres. Las dos van encontrando motivos para rechazar su previsible vida de marido gitano, hijos y total entrega a su familia siguiendo los rígidos principios de su comunidad, desoyendo por completo unas leyes que ni contemplan la posibilidad de un amor entre mujeres.

Las dos protagonistas Zaira Morales (Lola) y Rosy Rodríguez (Carmen) están espléndidas. Es conmovedor todo lo que expresan con sus miradas y sus movimientos, lo que dicen y lo que callan, la batalla, la factura moral, la ruptura afectiva con la gente de su sangre, el desarraigo que tendrán que pagar por algo tan natural e irrenunciable como haberse enamorado. 

Como dice el crítico Carlos Boyero en El País: “Es la primera película dirigida por Arantxa Echevarría pero no hay lagunas de principiante en ella ni pretensiones vacuas. Su costumbrismo es del bueno, posee frescura, sensualidad y capacidad para emocionarte con esas dos personas que se niegan a aceptar el rol que les exigen las tradiciones, que llenas de comprensible miedo se atreven a la insumisión, a seguir lo que les dicta el cuerpo y el corazón. Es una película con atmósfera, pilla el ritmo del paisaje urbano, describe un universo en el que reina con incontestable naturalidad y antigüedad el machismo, en el que soñar es arduo y es imposible cambiar las normas tribales”.

La directora nos contó en el coloquio lo complicado que resultó el casting para seleccionar a las protagonistas y las dificultades para introducirse en la comunidad gitana donde la homosexualidad es un tema tabú y siendo además una paya. Y como consiguió ganarse su respeto después de estar dos años con ellos, pateándose mercadillos, asociaciones, barrios, etc. Nunca mintió y siempre fue con la verdad por delante. Y siempre le decían: Nunca vas a conseguir a dos chicas que quieran hacer eso. Tuvo que ver casi a mil gitanas antes de encontrar a Carmen y a Lola. Pero fue mágico, porque a Lola (Zaira Morales) la encontró enseguida. Y eso le llenó de energía. Pero luego tuvo el problema de Carmen, que no aparecía. Venían las chicas al casting y, antes que nada, les preguntaba: ¿A ti te importaría salir fumando en la película? ¡Estás loca paya! ¡Qué van a decir de mí!, contestaban. Así que ni siquiera continuaban con la prueba. Pero al final, apareció Rosy Rodríguez, que fue la número 850 del casting, y ahí encontró a su Carmen. Era una chica con 17 años, que había estado casada. Dentro del mundo gitano ya no era una mocita, ya no tenía nada que perder y tenía muchísimas ganas de rodar. Una valiente. Ambas son dos valientes. Hizo pruebas de cámara, y había magia, había chispa. Y entonces supo que tenía la película.

Para la directora era muy importante que la película no acabara como el rosario de la aurora y quiso evitar la violencia física. Después de haber estado con este grupo de chicas gitanas que le pedían voz, moralmente les debía una luz al final de la historia. Aunque la realidad sea muy diferente, era moralmente importante darles esperanza.

La película ha obtenido 2 Premios Goya: Mejor dirección novel y Mejor actriz secundaria (Carolina Yuste), contando con un total de 8 nominaciones, entre las que estaban las dos protagonistas candidatas a Mejor actriz revelación. Y también ha tenido 4 nominaciones a los Premios Feroz, incluyendo Mejor película dramática y Mejor dirección.

Después de numerosas preguntas por parte del público y de muchas anécdotas del rodaje contadas por Arantxa, terminó el coloquio, devolviendo los espectadores el Goya a la directora, que nos dejó de despedida el divertido mensaje en vídeo que podéis ver en este artículo.

video: