El pasado domingo 19, a las 11 de la mañana, iniciamos el 2º año de la colaboración entre Cines Zoco, y la Asociación Pórtico de la Cultura (https://porticodelacultura.org/), con una nueva sesión de Cine-Forum, organizada y presentada por Sagrario García Ojosnegros, colaboradora voluntaria de nuestros Cines, y alumna fundadora de Pórtico.

El ponente fue el Profesor Víctor Guedán Pecker, Doctor en Filosofía, y  durante años profesor universitario  de Bioética de la Facultad de Psicología de la UCM. En su quehacer profesional, el cine ha sido una herramienta utilizada con frecuencia como modo de aproximación a los temas que iban a ser abordados.

Se proyectó El Veredicto (La Ley de Menor), basada en una novela de Ian McEwan, quien ha sido además guionista de esta adaptación cinematográfica. La historia relata los problemas morales, jurídicos y emocionales a los que debe enfrentarse una juez a quien cae entre manos el caso de un testigo de Jehová adolescente, que se niega a que le trasfundan sangre para salvar su vida.

En el coloquio posterior del público con el profesor Víctor Guedán, éste explicó los orígenes de la Bioética, que es el modo contemporáneo de enfocar los problemas de orden moral que surgen en el seno de las ciencias biomédicas y de la psicología. Hizo referencia a la sensibilidad ética de esas disciplinas, presente desde la Antigüedad clásica, tal y como revela el Juramento Hipocrático (s. V a.C.). Pero también se refirió a las nuevas condiciones a que tienen que enfrentarse, debido a los numerosos avances científicos, al abandono de posturas confesionales y a la aceptación plena de ideas filosóficas acuñadas durante la Ilustración, en el siglo XVIII, y resumidas por Immanuel Kant con las siguientes palabras: “La ilustración es el empeño por sacar al ser humano de su autoculpable minoría de edad.”. Tales condiciones forzaron una reflexión detenida acerca de los principios éticos que debían guiar el trabajo de los profesionales implicados; reflexión que dio lugar a la formulación de los tres principios básicos de la bioética: Principio de Beneficencia (“Hacer todo lo posible por promover el bien y evitar el mal”), Principio de Justicia (“Debe hacerse uso de los medios materiales y humanos de una forma justa y proporcionada”), y Principio de Autonomía (“En el trato con seres humanos, debe tenerse siempre en cuenta el juicio de los sujetos directamente afectados por la intervención biomédica”).

El veredicto permite ilustrar de manera eficaz cada uno de estos principios, así como los problemas que plantea su consideración conjunta, en casos en los que, principalmente, se produce un conflicto entre el Principio de Beneficencia y el Principio de Autonomía. Presenta, por ejemplo, un caso clínico preliminar de separación de recién nacidos siameses, en el que la juez debe intervenir, por la negativa de los padres a que se realice una operación que acabaría inevitablemente con la vida de uno de los niños.

Pero la película permite abordar al menos otra cuestión importante, ligada a la condición religiosa del adolescente: el papel que deba concedérsele a las creencias religiosas, tanto en la vida personal, como en el impacto que las mismas puedan tener en cuestiones de orden científico, médico o jurídico. El profesor Guedán explica que el problema de conciliar razón y fe se remonta, en la filosofía occidental, a los primeros siglos de nuestra era, y ha recibido diferentes soluciones: desde la consideración de la fe como un escándalo para la razón (Tertuliano, Guillermo de Ockham, Sören Kierkegaard, Testigos de Jehová y ciertas confesiones protestantes), hasta la defensa de la armonía necesaria y posible entre razón y fe (Sto. Tomás de Aquino y el pensamiento católico, en general).

En el coloquio, una espectadora señaló acertadamente la importancia de diferenciar el ámbito jurídico del puramente moral –tal y como hace explícitamente la propia protagonista de la película-. Precisamente el hecho de que pueda haber distintas morales personales, incluso distintas religiones sobre las que se funde esa pluralidad de morales, hace necesario conceder autonomía al quehacer de los jueces.

También se subrayó la importancia de que quien debe impartir justicia ha de hacerlo manteniendo un distanciamiento emocional con respecto al caso que debe juzgar. Algo que parece una tarea ciclópea, a la luz de los vaivenes emocionales a que vemos estar sometida la juez que protagoniza El veredicto. Ese distanciamiento, por lo demás, es el mismo que ha intentado provocar el director de la película, Richard Eyre, en los espectadores, con el propósito –conjetura el profesor Guedán- de que sea posible una reflexión lúcida y desprejuiciada del caso ético que se presenta. En este sentido, Eyre sería un fiel discípulo de los postulados estéticos del gran dramaturgo alemán Bertold Brecht.

Un espectador preguntó qué criterio podría establecerse para distinguir una religión de una secta; reconociendo que el primero que se ocurre es el de calificar despectivamente de secta “a quien tiene creencias distintas a las nuestras”. El prof. Guedán respondió recordando el criterio propuesto por un importante filósofo contemporáneo a quien suele considerarse fundador de la Psicología de la Religión: William James. Para él, mientras que las sectas tienen un efecto pernicioso en el desarrollo emocional, espiritual e intelectual de las personas, las religiones podrían tener el efecto justamente contrario. Semejante criterio, confrontado con algunos pasajes de la película, permiten, por ejemplo, comprender los motivos por los que en algunos países los Testigos de Jehová son vistos con sospecha como una secta peligrosa, pese al reconocimiento de honestidad de sus miembros, considerados uno a uno.

Un último aspecto sobre el que giró el coloquio fue el  efecto devastador  del tiempo en las relaciones  de pareja, muy bien ilustrado por la crisis matrimonial de la juez. La atenuación del deseo, los problemas de la conciliación del trabajo y la vida familiar, quizás la crisis propia de la conciencia de la edad… La película insinúa, incluso, la frustración inconsciente de la juez por no haber vivido –no sabemos si de forma voluntaria- la maternidad. Esa insinuación tiñe de misterio sus emociones con respecto al adolescente al que tiene que atender.