El Jueves 27 de Febrero nos visitó la directora Belén Funes con su opera prima La hija de un ladrón. Película premiada con el Goya a la Mejor dirección novel 2020, que también ha recibido tres Premios Gaudí y la Concha de Plata en San Sebastián a la Mejor actriz (Greta Fernández), además de contar con otras muchas nominaciones en distintos Premios, y que se ha consolidado como una de las películas españolas más destacadas del año.

La película refleja la vida de Sara, una joven de 22 años que ha estado muy sola toda su vida. Tiene un bebé y su deseo es formar una familia junto a su hermano pequeño y el padre de su hijo. Su padre, Manuel, tras años de ausencia y al salir de la cárcel, decide reaparecer en sus vidas. Sara sabe que él es el principal obstáculo en sus planes y toma una decisión difícil: alejarlo de ella y de su hermano. Con suerte, incluso puede consagrar algunos momentos a pensar en sí misma, aunque esos son los que La hija de un ladrón no muestra o apenas deja atisbar. Pero están ahí. Y el espectador los siente, los percibe. Es la vida precaria de Sara. La vida que se entrega a otros, la vida que no se vive. Y trabaja. Limpiando escombros de casas o solares que van a ser puestos en venta. O como cocinera en el comedor de un instituto. O en su casa, en la atención a su hijo, preparando desayunos, cenas, lavando, limpiando… Trabaja. Trabaja. Este es el retrato al que se dedica la primera película de Belén Funes, una película dolorosa, implacable, que captura la vida para lanzarla con violencia desde la pantalla. 

El guion escrito por la propia cineasta junto a Marçal Cebrian y la puesta en escena de La hija de un ladrón remiten sin dudarlo a la veracidad fílmica. Rodada con un cierto "no estilo" por parte de la directora, con el propósito de que la cámara siga a sus personajes y a sus diálogos sin aspaviento alguno, se concreta, sin embargo, en una puesta en escena de asombrosa precisión, que se aferra al rostro de Sara hasta atrapar su ser íntimo. Porque Sara está presente en cada uno de los planos de la película. Su presencia es constante, abrumadora. Incluso cuando otros personajes dialogan, la cámara se queda con ella. Y recoge cada gesto, cada mirada, cada sonrisa, cada decepción.
El papel de Sara es interpretado por Greta Fernández que demuestra ser una actriz superlativa que hace crecer el personaje en cada secuencia. Y lo logra, desde una abrumadora hondura interpretativa.
La hija de un ladrón bebe del mejor cine social europeo con una dignidad que recuerda a las mejores películas de los hermanos Dardenne y que abre una nueva puerta al cine social en España, quizás también con raíces en la mirada de Isaki Lacuesta. Y por supuesto en el cine social de Ken Loach.

En el coloquio la directora nos contó que la historia surgió al querer hablar de la familia, no desde lo sentimental sino desde lo tóxico que hay en las relaciones familiares. De la incapacidad de amar, de la ternura...  
Tuvo bastante claro desde el principio que fuera Greta Fernández quien hiciera el papel de Sara, la protagonista, una niña muy frágil, pero a la vez una soldado violenta y esas dos cosas conviven en su cuerpo y su mirada. Mirada triste, pero dura, como de niña y de mujer a la vez. La actriz además ha generado una gran empatía con el espectador. Está muy contenta con la interpretación de Greta: “Estoy muy orgullosa de lo que ha conseguido como actriz y sobre todo muy orgullosa de la honestidad con la que se ha enfrentado al personaje y de haberlo dotado de esta ternura, honestidad y verdad que tiene Sara”.
No pensó en un primer momento en que Eduard Fernández fuera el padre de Sara. Entre Greta y ella consiguieron que se subiera al proyecto. Y en su papel hubiera sido sencillo convertirlo en el villano de la función, pero su mirada y su tratamiento lo humanizan, lo convierten en un ser de carne y hueso, apreciable y despreciable, como casi todos los humanos.
Está muy contenta con el resultado de la película que presentó, con muchos nervios, en el Festival de San Sebastián, pero después de la gran acogida y las buenas críticas todo se relajó y respiraron. Y ahora está encantada de promocionarla por todos los foros en que la reclaman.

El coloquio con la directora resultó apasionante. Belén, a pesar de su juventud, demostró una seguridad y una madurez que conquistaron al público. También hubo unas estupendas intervenciones de algunas espectadoras que provocaron, incluso, el aplauso de la directora. En resumen, una noche extraordinario en Cines Zoco que nos permitió conocer a una de las directoras con más futuro del Cine español.

Al finalizar el Evento, Belén nos dejó el siguiente mensaje:

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