EL AMOR Y LA MUERTE: HISTORIA DE ENRIQUE GRANADOS - Crónica de Irene de Juan

El pasado 24 de marzo se celebró una nueva sesión de Cine-Forum, colaboración entre los Cines Zoco de Majadahonda y la Asociación Pórtico de la Cultura (porticodelacultura.org) organizada por Sagrario García Ojosnegros, colaboradora voluntaria de nuestros cines y alumna fundadora de Pórtico de la Cultura.

La presentación inicial fue a cargo de Irene de Juan Bernabéu, pianista y analista musical, especializada en divulgación musical y colaboradora habitual con instituciones como la Orquesta y Coro Nacionales de España, Radio Clásica o el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (www.irenedejuan.com). Irene es, además, directora de la Escuela de Música Urkalia, en Las Rozas de Madrid. (www.escuelademusica-urkalia.com). Además, al finalizar la proyección tuvimos la suerte de contar con la presencia de Arantxa Aguirre (https://es.wikipedia.org/wiki/ Arantxa_Aguirre_Carballeira) directora de la película documental El amor y la muerte: Historia de Enrique Granados. Con ella mantuvimos una fluida e interesante conversación.

El amor y la muerte: Historia de Enrique Granados realiza un recorrido por la trayectoria vital del compositor, una de las figuras más destacadas de la historia de la música española, recalando, no sólo en sus hitos artísticos, sino en los avatares vitales del artista, realizando un fiel retrato psicológico documentado, mayormente, por sus cartas y por comentarios que sobre él realizan otros artistas contemporáneos o su propia familia.

En la presentación previa a la visualización de la película, Irene de Juan realizó un encuadre contextual de la música dentro del marco cultural del siglo XIX, subrayando la importancia del conocido como ‘Renacimiento cultural catalán’, con tres vertientes principales: la ‘Renaixença’ poética, que pone el foco en el patrimonio lingüístico y cultural del pasado catalán; el Modernismo, con la vista puesta en el contacto con Europa; y el que podría llamarse Renacimiento musical catalán, un momento mágico de desarrollo de escuelas, liceos, sociedades corales y de conciertos que hacen que la afición musical en Cataluña crezca enormemente a final de siglo. Dentro de ese contexto, la figura de Felip Pedrell como musicólogo, profesor e inspirador de figuras como Granados, Albéniz y Falla, es importantísima. Él será quien anime a los compositores a crear música ‘académica’ partiendo del patrimonio musical popular español.

La película es, en sí misma, una obra de arte: el tratamiento de la fotografía, de la ilustración, la creación de una narrativa a partir de imágenes, el trenzado entre narración e intervención de entrevistados, la alusión tan acertada a la poesía y la pintura de la época... todo ello es soberbio. Pero es que, además, como comentábamos anteriormente, contiene una base documental de primer orden, acudiendo a especialistas en la investigación sobre la vida y la obra de Granados, que ofrecen un retrato nada novelesco del compositor, sino altamente fiable y verídico. La selección musical es uno de los puntos fuertes de la película, tocando, no sólo las obras más conocidas del compositor, sino ejemplos menos habituales, como su música de cámara.

En el coloquio posterior tuvimos la suerte de contar con la propia Arantxa Aguirre, quien respondió con detalle y simpatía a las preguntas que le formularon tanto Irene de Juan como buena parte del público.
Gracias a sus comentarios pudimos ‘entrar en la cocina’ junto a ella, que nos hablara del proceso de preparación de un documental como éste: primero, mucha documentación y lectura sobre el personaje (debe conectar ella con él, ya que si no, no se da la magia); segundo, búsqueda de soporte económico estatal o privado; tercero, selección de los participantes y trazado de la línea general narrativa que llevará la película; cuarto, grabación de mucho material: entrevistas, interpretaciones...; quinto, punto neurálgico, el montaje. Este último punto es el propio acto de cocinar el documental, ya con todos los ingredientes, la directora decide cuándo y cuánto poner de cada uno. Y es un acto artístico en sí mismo, cuando se ven resultados como los conseguidos por Arantxa Aguirre.

Sorprendida por su sensibilidad, Irene de Juan preguntó a la directora por su relación con la música. Y Arantxa comentó que es una relación ‘mamada’ en el entorno de su familia de origen, en el que ha habido muchos músicos. Además, ella estudió ballet de niña, y es muy aficionada a la pintura y la poesía (citó en numerosas ocasiones versos de poemas de autores como Miguel Hernández o Borges).

Su estrecha relación con la danza se hace patente en varios momentos de la película, de una belleza insuperable: así, la Oriental del compositor suena bailada en un sublime pas deux a cargo de dos bailarines del Ballet de Lausanne, o su Danza de los Ojos Verdes, a cargo de la arrebatadora Patricia Guerrero. Son momentos de una inspiración insuperable en la película, algo que no es de extrañar si recordamos que Arantxa ya ha puesto a la danza de protagonista en su anterior documental ‘Dancing Beethoven’, en torno a la Novena Sinfonía del compositor de Bonn llevada a la danza a cargo del Ballet de Lausanne y su director, el emblemático Maurice Béjart, un documental imprescindible en 2020, 250 aniversario del nacimiento del compositor, del que esperamos disfrutar en este ciclo de Cine-Forum.

Uno de los espectadores comentó sorprendido la gran unidad fotográfica del filme pese a mezclar fotografías, ilustración, entrevistas, pinturas... nada ‘choca’ sin embargo, nada queda fuera de lugar. Arantxa comentó que tuvo que recurrir a la ilustración para momentos de la vida de Granados de los que no hay ningún tipo de documentación gráfica, como, por ejemplo, el traslado en barco de sus padres desde Cuba a España, con Granados en el vientre de su madre (un momento mágico de la pelicula, por la ‘inocencia’ de las ilustraciones y la nana que entona su madre). La ilustración corre, por cierto, a cargo de Ana Juan (Premio Nacional de Ilustración, 2010). La directora hablaba de cómo, al no contar con demasiado presupuesto, “hay que hacer uso de la imaginación”. Y ella la tiene a raudales.

En el documental aparecen personalidades reconocidas del mundo de la música, clásica (Rosa Torres Pardo -productora del filme-, Eugeny Kissin, Joaquín Soriano, Walter A. Clark -biógrafo de Granados-, Ana Valderrama, Luis del Valle...) y no clásica (Rocío Márquez, Cañizares, Arcángel...). La fusión entre flamenco y clásica es uno de los valores a tener en cuenta, apostando por llevar al lenguaje flamenco fragmentos concretos de la obra de Granados, ofreciendo a través de ellos, una lectura distintiva y única de su música, y algunos momentos muy cómicos y muy artísticos entre Arcángel y Rosa Torres-Pardo, tratando de ‘meter en compás’ el arrebato flamenco del cantaor.

Casi todos los espectadores que asistieron alabaron la altísima carga emocional de la película. La empatía que se acaba teniendo con el protagonista es altísima, algo que comentaba Arantxa Aguirre, ella siente profundamente, pues sin esa empatía con el personaje no hubiera podido elaborar el documental de esta manera. Fueron muchos quienes soltaron alguna lágrima durante la película. La lectura de la elegía que Apeles Mestres dedicó al compositor es sobrecogedora, y en este sentido, la voz y la dicción de Ramón Fontserè no podían ser más apropiadas. Un poema que se une, como bien recordó la directora, a la honorable lista de elegías dedicadas a amigos, como la de Lorca a Ignacio Sánchez Mejías (“Eran las cinco de la tarde./Un niño trajo la blanca sábana/a las cinco de la tarde”) o la de Miguel Hernández a Ramón Sijé (“Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas,/ compañero del alma, tan temprano”). La de Apeles Mestres a Granados no se queda atrás (“Para guardar todas las cosas junto a tus cenizas,/tu inspiración, tus ideas, tu gloria,/ se necesitaría una gran tumba./ Y esa bomba, el monstruo de la guerra/ -a pesar de él justiciero- te la ha dado”...).

Y acabamos este comentario haciendo mención a un tipo de música muy cercana a nuestra cotidianidad y que Arantxa Aguirre utiliza de un modo muy acertado: la música de las palabras. Y es que en el documental hay voces en francés, en inglés, en catalán y en castellano, ninguna traducida, sino subtitulada. Así la lengua se convierte en otra música, contrasta entre sí y subraya la importancia del idioma como rasgo esencial y patrimonio sonoro que, como la música, debe cuidarse, preservarse y expandirse.

Qué gran mañana de música, de arte, de cine.

Artículo escrito por Irene de Juan