Dado el extraordinario éxito que supuso la sesión de Cinefórum del pasado mes de noviembre con la película Dancing Beehoven, la Asociación Pórtico de la Cultura ha organizado una nueva sesión que se celebrará el domingo 1 de Marzo a las 11:00 horas, en colaboración con Aula Danza, Escuela de Danza y con Cines Zoco Majadahonda. Los invitados a la sesión serán la directora y guionista Arantxa Aguirre que presentará su película y dirigira el posterior coloquio junto con la profesora de música y pianista Irene de Juan Bernabeu y con Conchita Pradera, directora y profesora de la Escuela Auladanza. El acto será presentado por Sagrario Garcia organizadora del Evento.

A continuación os dejamos la Crónica de la sesión celebrada el 17 de noviembre de 2019 que nos ha enviado Irene de Juán Bernabeú:

 

CINES ZOCO MAJADAHONA - PÓRTICO DE LA CULTURA
17 DE NOVIEMBRE DE 2019
DANCING BEETHOVEN - ARANTXA AGUIRRE

El pasado 17 de noviembre tuvo lugar una nueva sesión de Cine-Forum, colaboración entre los
Cines Zoco de Majadahonda y la Asociación Pórtico de la Cultura (www.porticodelacultura.org),
organizada por Sagrario García Ojosnegros, colaboradora voluntaria de los cines Zoco y alumna
fundadora de Pórtico de la Cultura.
En esta ocasión, pudimos disfrutar de la película-documental ‘Dancing Beethoven’, dirigida por
Arantxa Aguirre y estrenada en 2016. Una película que atesora un deslumbrante curriculum: premio
Espiga de Plata en Seminci, Valladolid; nominación a los premios Goya, Forqué y Platino del Cine
Iberoamericano; exhibiciones en festivales y salas comericales de Alemania, Austria, Suiza, Japón y
España; y, no menos importante, reconocimiento de la crítica y el público a partes iguales, allá
donde vaya. Algo que no es sencillo, teniendo en cuenta que se trata de una producción
tremendamente simbólica y poética, alejada de cualquier tópico comercial.

La película supone una inmersión en el montaje de una coreografía para la Novena Sinfonía de
Beethoven, a cargo del Béjart Ballet, de Lausanne. Nos muestra, por tanto, más que el resultado
final, el proceso por el que se prepara un espectáculo semejante, que en su momento tuvo como
objetivo la interpretación junto a la Orquesta Filarmónica de Israel, dirigida por Zubin Metha, y el
Ballet de Tokio. Una colaboración única que se estrenó en 2015 en el NHK Hall de Tokio. Una
colaboración que puso en escena a más de doscientos artistas y que supuso uno de los mayores retos
interartísticos de las últimas décadas.

Aguirre ejerció de documentalista en el proceso de montaje de la coreografía y, a partir de ahí,
comenzó a hilar un relato mágico en el que lo artístico se cruza con lo humano, con las vidas de los
bailarines y los músicos, lo mundano con lo filosófico, y lo doloroso con lo placentero, tal y como
sucede en la Novena Sinfonía de Beethoven, una obra clave de la que la pianista y divulgadora
musical Irene de Juan (www.irenedejuan.com) nos habló antes de comenzar la película.

Con ella pudimos descubrir la posición existencial desde la que Beethoven compuso su música los
últimos diez años de su vida, una posición fuertemente inspirada por la espiritualidad, y escindida
de una realidad vital dolorosa y crítica. Desde esa especie de cima espiritual, el compositor pudo
gestar un proyecto excéntrico que tuvo entre manos toda su vida: la integración de un poema del
filósofo-poeta Friedrich Schiller dentro de la concepción de una sinfonía. Era una excentricidad
porque nunca antes lo poético y lo sinfónico se habían dado la mano.

La idea persiguió a Beethoven desde su juventud… ¿Cuál era el texto?, ¿Por qué tal obsesión en
torno a una poesía? Se trataba de la Oda a la Alegría, una larga exaltación de eso, de la Alegría, con
mayúsculas, es decir, del amor, de la fraternidad, de la igualdad, del concepto de un Padre
bondadoso… Ese poema tocaba los pilares de la moralidad de Beethoven de principio a fin.
De Juan nos explicó los símbolos del poema y la forma en la que se reflejan en la música de
Beethoven, en la coreografía que Maurice Béjart creó para ella en 1961, y en la película documental
de Arantxa Aguirre. Y pasamos al plato fuerte: la película.

El inicio no puede ser más sugerente: un tren, un viaje, paisaje nevado, Suiza… y la reflexión de H.
De Lausanne, monje suizo, en torno al bien y el mal como creadores del mundo, y la presencia de
una narradora, protagonista del viaje cuyas reflexiones tendrán un papel muy especial en la película.
Llegamos a Lausanne y nos metemos dentro de un ensayo del ballet. Saltos, zapatillas, piernas
largas que se estiran, movimientos que nos alejan de la danza clásica y nos sumergen en lo
contemporáneo… y de fondo… Beethoven.

Así, como si nada, la película nos va conduciendo por diferentes ingredientes artísticos, técnicos,
logísticos, humanos y divinos que componen la preparación de algo tan gigantesco como una
coreografía de la Novena de Beethoven. E iremos conociendo a los protagonistas de tan mayúscula
hazaña: los bailarines. Ellos mostrarán a la cámara su esfuerzo, sus temores, sus pies dañados por
las horas de ensayo, su conexión a lo que hacen como si en ello les fuera la vida… y de fondo,
siempre, la Alegría, con mayúsculas.

Arantxa Aguirre pondrá el foco en dos de esos protagonistas: una joven pareja que, en medio de los
ensayos, recibe la noticia de que van a ser padres. Lo que supone para uno y para otro será muy
diferente. La veremos a ella renunciando a su gran papel dentro de la coreografía, y a él superando la añoranza y marchándose a Tokio al estreno, con una mezcla única de ilusión, miedo, inquietud….
Parece poesía pero no lo es, es la propia película mostrando con gran sutileza el gran paisaje
emocional que cada uno lleva dentro.

La película acaba con los ensayos finales en Tokio. Los bailarines se unen a los músicos de la
Sinfónica de Israel, Zubin Metha dirige, y habla para la cámara, expresando lo que es la alegría…
unos y otros comparten la tensión de un momento que se sabe único. Y como colofón: llega el
concierto. La música se funde con el movimiento de una manera única, con una fuerza única,
atemporal y universal. Y la película acaba con una reflexión que por bella y trascendente merece la
pena dejar en secreto, para que el lector que no haya visto la película llegue a ella sin prejuicio
alguna.

En suma, la película exhala belleza, poesía y cuidado exquisito, en la fotografía, el guión y el
planteamiento del conjunto. Aguirre demuestra ser una amplia conocedora de las distintas
manifestaciones artísticas, algo que no sorprende después de haber visto en otras ocasiones en este
mismo Cineforum otras películas como ‘El amor y la muerte’ dedicada al compositor Enrique
Granados.

Al finalizar, el público tuvo la inmensa suerte de poder intercambiar opiniones y preguntas con la
directora de la película. Ella nos habló largo y tendido de cuestiones muy interesantes, entre las que
destaco algunos aspectos:
1. Su respuesta a la pregunta que se realizó sobre el motivo por el que recurre a imágenes de
Los Desastres de la Guerra, de Francisco de Goya, al inicio de la película. La directora nos explicó
su percepción de la conexión entre la pintura de Goya y la música de Beethoven, y la relación que
encontraba entre ambos personajes. Además, nos habló de lo importante que es para ella el recurrir
siempre a figuras españolas dentro de cualquier trabajo que realice.
2. Se preguntó a la directora por el sentido del personaje de la narradora. La joven que viaja
en el tren con el que arranca la película. La respuesta no pudo ser más sugerente: la narradora es, en
cierto modo, el alter ego de la directora, un personaje que ve desde fuera pero vive desde dentro el
montaje de la coreografía y el mundo de la danza por extensión.

3. El tema de la Alegría flota omnipresente por la película. Diferentes personajes dicen qué
es para ellos la alegría. ¿Y para Arantxa Aguirre, qué es la alegría? Arantxa la definió más como un
arranque espontáneo que como algo que nazca de una reflexión. La alegría es la felicidad de estar
vivo, el ver a los niños correr por el parque, tomar una cerveza con el vecino o que alguien te sonría
en el autobús. Es espontánea y no premeditada. Quizás algo del mundo cambiaría si se persiguiera
más la alegría y menos esa abstracción que es la felicidad.

Hubo muchas otras cuestiones, y sobre todo impresiones por parte del público, que estaba
realmente conmovido. Muchos hablaron de esa lagrimita que se cae por la mejilla, y otros de la
profunda impresión que había causado en ellos la película. Todos se quedaron con ganas de más, es
más, con ganas de volver a verla tras terminar el coloquio. Espero que suceda algo parecido tras
terminar de leer esta crónica.

Irene de Juan Bernabéu

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