El pasado viernes 4 de noviembre proyectamos “Laura” (1944), del director Otto Preminger. Una joya del cine negro que supuso el inicio del reconocimiento de su director y el lanzamiento al estrellato de la actriz Gene Tierney.

 

Para la presentación y posterior coloquio contamos con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

 

Antes de la proyección Javier y Mª Eugenia nos comentaron que la cinta coincidió en el tiempo con otros dos clásicos del cine negro, Perdición (Billy Wilder) y La mujer del cuadro (Fritz Lang), marcando el camino que este género iba a seguir a lo largo de los diez siguientes años. Además, esta última coincide con “Laura” en dos aspectos significativos, en las dos es clave el retrato de una mujer y curiosamente el protagonista masculino se queda dormido en una butaca sumido en sus ensoñaciones.

 

El coloquio posterior a la proyección se inició preguntando al público si pensaban que lo trama acontecida en la segunda parte de la película había sido real o se trataba de un sueño. Varios espectadores percibieron esto último, lo cual se llegó a considerar finalizando la cinta con el protagonista despertando del sueño. El guion puede inducir a pensar en esta posibilidad ya que el narrador de la primera parte de la película es el asesino, que al final es abatido (si ha muerto no debería poder contar la historia). La duda quedó finalmente aclarada, al señalarse que el director en ningún momento contempló la interpretación de la ensoñación.

 

La película aborda los conflictos que siempre preocupaban al director: el amor, la obsesión y la muerte; constituyendo un thriller con tintes románticos en el que se enfrentan los protagonistas fascinados por una mujer, Laura, o, mejor dicho, por la visión ideal que de ella conciben en su imaginación. Esta joven del cuadro y su recuerdo son tan solo el reflejo de las debilidades y obsesiones de estos personajes.

 

Mª Eugenia nos comentó lo complicado que había sido el inicio del proyecto, que está basado en una novela de Vera Caspary. El productor Darryl Zanuck, que estaba enemistado con Preminger, eligió inicialmente como director a Rouben Mamoulian, pero lo despidió a los 18 días del rodaje al estar disconforme con lo que había filmado. Finalmente, cedió y le pasó el testigo a Preminger, quien había demostrado desde un principio un gran interés por llevar la novela a la pantalla. Hizo cambios en el guion y tuvo continuos conflictos con el equipo, derivados de su incansable exigencia. Hasta decidió cambiar el retrato de Laura, pintado por la esposa de Mamoulian, reemplazándolo por una foto ampliada de Gene Tierney a la cual se le añadió pintura para que pareciera un óleo.

 

Javier puso de manifiesto que lo característico de la película es que, aunque sea cine negro, no hay callejones oscuros, tipos rudos o ambientes sórdidos. Toda la acción, rodada en estudio, se desarrolla en lujosos apartamentos y veladas de la alta sociedad, estando reflejada maravillosamente gracias a una dirección artística y puesta en escena impecables. Además, la fotografía de Joseph La Shelle, ganadora de un Oscar, resaltó como nadie este ambiente y, sobre todo, la belleza de Gene Tierney.

 

También resaltaron la evocadora música de David Raksin, un joven compositor que escribió la melodía durante un fin de semana en el que su esposa le anunció su intención de acabar su matrimonio. Se hizo tan famosa que, con letra añadida posteriormente, fue interpretada por Nat King Cole, Frank Sinatra y muchos otros más.

 

Preminger, un hombre que provenía del teatro, destacó por sus movimientos de cámara sencillos, con tomas largas de planos medios y por su magnífica dirección de actores, aunque muchos de ellos se quejaban de su dureza. De entre todas las interpretaciones destacan la de Clifton Webb (como el sofisticado y esnob columnista, mentor de Laura) y Dana Andrews (agente enamorado de un “fantasma”). El primero sobresale por su refinamiento y sus punzantes comentarios y el segundo por su calculada interpretación no exenta de expresividad. Todo ello completado con unas estupendas actuaciones de Gene Tierney, Vincent Price y Judith Anderson (la inolvidable ama de llaves de “Rebeca”).

 

Mª Eugenia destaco la perfecta estructura narrativa que muestra la simetría y el orden circular, en la que todo discurre como un espejo cuyo eje es el momento, a mitad de la cinta, en el que el detective se queda dormido y reaparece Laura. Como ejemplo, la película empieza y acaba con la disertación del columnista, y con un inserto (el reloj de pared).

 

Por último, Javier resaltó que la película tiene la influencia de la teoría psicoanalítica de Freud que se divulgó en esa época y que se reflejó en el cine negro: las dobles personalidades (caballero y asesino), sueños y alucinaciones (al revivir Laura), los procesos psicológicos internos que conducen a un individuo al crimen, etc.

 

El público destacó la magia que rodea al personaje de Laura (la fascinante Gene Tierney) y el misterio que envuelve el film a través de una trama confusa de red de envidias y juegos pasionales.

 

 
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