El pasado viernes 28 de mayo proyectamos un título visionario sobre la manipulación que ejerce la televisión, “Network. Un mundo implacable” (1976), del director norteamericano Sidney Lumet. La película obtuvo diez nominaciones a los Oscar, incluidas a la mejor película y al mejor director, logrando los de mejor actor (Peter Finch), actriz (Faye Dunaway), actriz de reparto (Beatrice Straight) y guión (Paddy Chayefsky).

Para la presentación y posterior coloquio contamos con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

Antes de la proyección Javier nos comentó cómo había evolucionado el mundo de la TV en EEUU desde comienzos de los años 50 hasta mediados de los 70, pasando de considerarse primordialmente como un servicio público a ser un mero negocio, donde los directivos de las cadenas podían ser capaces de cualquier cosa para conseguir una mayor audiencia.

Tras la proyección Javier y Mª Eugenia nos expusieron las claves del éxito de la cinta entre la crítica y el público, que fueron sobre todo, el brillante guión de Chayefsky y la magnífica dirección de actores de Lumet. Se nota que ambos habían trabajado en la TV en los años 50 y que conocían muy bien los entresijos del medio, lo que redunda en un guión muy elaborado con unos deslumbrantes monólogos (está considerado el octavo mejor libreto de la historia por la Asociación de Guionistas de EEUU) y donde el tratamiento dramático y las actuaciones son espléndidas. Todos los actores están en estado de gracia y de hecho, cinco de ellos estuvieron nominados a los Oscar (los tres oscarizados más William Holden y Ned Beatty).

También nos comentaron los entresijos de la preparación del rodaje: las visitas de Chayefsky a las diferentes cadenas de TV; la cuidadosa elección de los actores; las semanas de ensayos de Lumet con los intérpretes para afinar los diálogos; el diseño de la puesta en escena (decorados e iluminación); etc.

La emblemática frase con la que el personaje de Peter Finch anima a rebelarse a los espectadores, “I’m as mad as hell and I’m not going to take this anymore” (“Estoy muy enfadado y no pienso soportarlo más”) se convirtió en icónica, de forma que hasta los políticos y comunicadores la han venido utilizando de manera recurrente en sus discursos.

Seguidamente se inició un animado debate entre Mª Eugenia y Javier sobre la visión profética que ha tenido la película. Aunque en un principio se consideró que algunos de los planteamientos eran extravagantes (la actitud mesiánica del locutor, las actividades disparatadas del Ejercito Ecuménico de Liberación, etc.), pronto el tiempo vino a dar la razón a Chayefsky. La TV se ha convertido en un medio que muchas veces manipula a los ciudadanos, estimulando las emociones y promoviendo un discurso unificado y, en muchos casos, banal. Un medio que se abraza a la dictadura de la audiencia, donde el control de la información y las fake news están a la orden del día, siendo el único objetivo la obtención de beneficios, tal y como se pone de manifiesto en la escena cumbre de la cinta, “no existe la democracia, ni las naciones, (…) el poder lo ostentan las empresas, (...) el mundo es un negocio”.

En el debate con el público se puso de manifiesto la deshumanización que llega a producir la TV y actualmente, aún más, las redes sociales, así como el afán de mucha gente que sueña con la popularidad que produce aparecer en un programa de máxima audiencia. En definitiva, no es más que el reflejo de una sociedad cada vez más desconectada de la realidad y de la volubilidad de la conciencia de sus ciudadanos. Pero, como señala Lumet ¿no será que la TV no corrompe a la gente, sino que es la gente la que corrompe a la TV?