El pasado viernes 19 de marzo proyectamos la obra de Luchino Visconti, “Rocco y sus hermanos” (1960), que se enmarca en la etapa final de su etapa neorrealista, antes de acometer sus grandes obras de época (“El gatopardo”, “La caída de los dioses” y “Muerte en Venecia”).

Para la presentación y posterior coloquio contamos con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

Antes de la proyección Mª Eugenia nos comentó brevemente como se enmarca esta película en el mundo “viscontiano”, recordando como el autor era comunista, aunque procedía de una familia aristocrática de gran abolengo, siendo además un gran director de teatro y ópera. Así, la obra narra de una forma descarnada y a la vez lírica la progresiva descomposición de una familia del sur rural de Italia que ha emigrado a Milán.

Tras la proyección se inició un animado debate entre Mª Eugenia y Javier centrado sobre los personajes de la película, que curiosamente está estructurada como una ópera dividida en cinco actos, en cada uno de los cuales se otorga especial protagonismo a uno de los hermanos de la familia Parondi, por orden de edad: Vincenzo, que ni siente ni padece ni cuestiona, pero al menos no hace daño a nadie; Simone (Renato Salvatori), sin inteligencia ni virtud y cautivo de sus emociones primarias; Rocco (Alain Delon), silencioso y rebosante de buenas intenciones pero inesperadamente tozudo y carente de sentido común; Ciro, práctico y dotado del seso que les falta a los otros y Luca, que quiere devotamente a sus mayores y tal vez aprenda de los errores de aquellos. Los otros caracteres principales son la madre, con algunos rasgos del prototipo de la amante y temperamental “mamma” italiana, pero cuyo afán por mejorar de estatus le lleva a una excesiva indulgencia con las faltas de su prole; y Nadia (Annie Girardot), la prostituta que enmascara su vulnerabilidad en desafiante seducción y que tiene la desgracia de ser el vértice de un triángulo obtuso con Simone y Rocco.

También se hizo hincapié en el papel fundamental en la historia que adquiere la ciudad de Milán, presentándola Visconti como un áspero y anónimo conglomerado de piedra, cemento y andamios que engulle despectivamente a los inmigrantes, agudizando su instinto de supervivencia, desposeyéndoles de toda inocencia, endureciéndoles y alienándoles.

Nos comentaron como este largometraje conservó algunos de los elementos que hicieron de Visconti un exponente del neorrealismo. Así, rodó en blanco y negro y en escenarios auténticos los avatares de seres desfavorecidos de la postguerra italiana. Pero el realizador era un esteta y como tal era inevitable que fuera dejando atrás el movimiento neorrealista, para el que la belleza formal era algo secundario. Desde “Senso” (1954), el cine de Visconti empezó a buscar sin complejos aturdir los sentidos de los espectadores melodramatizando relatos trágicos en los que realzaba la espectacularidad de las imágenes con piezas musicales sublimes. Su genialidad radicó en lograr una fusión armoniosa en la que daba tanta importancia a la profundidad narrativa y humana de sus historias sobre familias en crisis como al efecto sensorial. Fue un creador incansable, un perfeccionista obsesivo, un ser apasionado y temperamental y un refinado aristócrata cuyas inquietudes sociales e ideario marxista no le llevaron a renunciar a ninguno de sus privilegios de clase. Y su obra barroca e intimista a un tiempo fue fiel reflejo de su complejidad y sus contradicciones.

En el debate con el público se hizo mucho hincapié en el gran papel que desempeñó Visconti al reflejar como nadie la cultura artística de la historia reciente europea, ya que ponía el foco, tanto en la interpretación como en el espectáculo, atendiendo a cada detalle del decorado, el vestuario, la iluminación y, por supuesto, la música.