Después de su presentación, esta misma semana, en el Festival de San Sebastián proyectamos en el Zoco el documental COURTROOM 3H (Sala del Juzgado 3H), con la presencia de su director Antonio Méndez Esparza y el productor Pedro Hernández, que vinieron a hablarnos del funcionamiento de las instituciones judiciales en Estados Unidos.

Antonio Méndez Esparza se ha confirmado como una de las miradas más interesantes del audiovisual español. Profesor de Cine en Florida, presentó en Cannes y San Sebastián sus anteriores trabajos, Aquí y allá y La vida y nada más. En su tercer largometraje documenta con sobriedad y contundencia una parte del sistema judicial americano. Logró los permisos, gracias a la primera enmienda, para entrar en el Tribunal de Familia Unificado de Tallahasee, una corte especializada en resolver la situación de menores por abandono, negligencia o abusos. El realizador coloca la cámara y refleja de forma aséptica las vistas orales y los juicios de familias bajo la amenaza de perder la patria potestad de sus hijos. El documental es un trabajo estremecedor en el que padres, madres, abogados, fiscales y un juez abordan caso por caso si los niños deben ir a familias de acogida temporal. Por la corte desfilan la desigualdad, la adicción a las drogas, la inmigración... en un retrato demoledor de la sociedad americana y el fracaso de un sistema incapaz de proteger a los más vulnerables.

En el coloquio con los espectadores el director relató cómo le permitieron rodar en la Sala de Florida y la cantidad de horas grabadas y la complicada labor de montaje. Comenzó la película pensando en hacer un retrato de estas familias que están en situación de desigualdad y dificultades familiares. Y luego poco a poco fue entendiendo el papel que juegan los abogados defensores, el fiscal, el juez, a veces contrarias a los interesados, a veces mostrando atisbos de cierta humanidad: “Este complejo de la justicia con el mazo sin entendimientos se rompe un poco al entrar en esta corte que cree en la rehabilitación, algo que no es muy común en el sistema judicial americano”.

Durante el rodaje de la película el director se sentó solamente a mirar, tomando un asiento muy trasero: “Me sentaba detrás del cámara y daba alguna instrucción, pero sobre todo miraba, intentando entender la corte. He sido un invitado a un lugar y he podido mirar. En la edición ya he tomado decisiones mucho más personales. Te sientes hasta un cineasta de ficción, ahí sí ya estás decidiendo, no parece un documental. De repente hay emoción y hay un corte efectivo, que es abandonado ese rol de observador para convertirme en un narrador. Aun así, hemos intentado respetar los tiempos de la película, cortar poco, hemos intentado ser lo más puros posibles a lo que vivimos. En la segunda parte hemos tomado más libertades, pero son los casos, los desenlaces, no hemos engañado ahí. En todo el proceso me he sentido más editor y observador que director”.

El público, en sus intervenciones, comentó que los protagonistas parecen al principio actores cuando realmente son profesionales: jueces, abogados, familias y niños. Y que según avanzaba la película se habían ido dando cuenta de ello. También resaltaron la figura, tan humana, del juez del Tribunal.

El productor Pedro Hernández explicó cómo había sido acogida la película en San Sebastián, donde ha recibido grandes alabanzas y donde han sentido la emoción de presentar su trabajo ante tantos espectadores. Y nos dijo que le parecía que el Zoco era como un pequeño San Sebastián y que el futuro del Cine está en sitios como el nuestro con el apoyo de los fieles al séptimo arte.

Al finalizar el coloquio el director nos dejó un mensaje animando al público a venir a ver su documental a nuestros Cines:

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