El sábado 29 de mayo recibimos en el Zoco al director Rafa Russo y al actor Daniel Grao quienes presentaron la película El año de la furia. Posteriormente, tras ver la película en nuestra sala, mantuvieron un interesantísimo coloquio con el público. La película se estrenó este mismo fin de semana y ha obtenido muy buenas críticas en los medios.

La historia se sitúa en Montevideo, en 1972. Mientras el país se despeña irremisiblemente hacia el precipicio de la dictadura, Diego y Leonardo, dos guionistas de un conocido programa de televisión luchan por mantener su integridad ante las presiones de sus superiores para que rebajen el tono de sus mordaces sátiras políticas y eviten ofender a los altos militares que se están apoderando del control del país. Paralelamente, del lado de los opresores, Rojas, un teniente del ejército que ha sido presionado para torturar a militantes o simpatizantes de la guerrilla de los Tupamaros, exorciza sus demonios con Susana, una prostituta con la que encuentra una suerte de refugio emocional ante su sentimiento de culpa. Poco a poco, las confluyentes vidas de los guionistas y del militar se ven profundamente afectadas por el yugo de la dictadura que se va cerniendo sobre ellos, y tanto uno como otros luchan por encontrar una escapatoria, una salida digna que les permita aguantarse la mirada ante el espejo.

En la película el tiempo lo va marcando, como una tragedia, las estaciones del año. Cada una de las cuatro estaciones es un capítulo que va acentuando el drama que terminó en el Golpe de Estado militar del verano de 1973 y que va dejando a los protagonistas con una infinidad de cicatrices.

El año de la furia es una película coral con un gran reparto de actores españoles, uruguayos y argentinos. Todos los papeles tienen su importancia y su momento y forman un gran puzzle, con muchas historias que se entrecruzan. Cuenta con notables actuaciones de españoles interpretando a uruguayos (Daniel Grao, Sara Sálamo), más los argentinos Alberto Ammann, Martina Gusman, Miguel Ángel Solá y Joaquín Furriel, y algunos otros con papeles menores, pero de mucha importancia, como el de Maribel Verdú, una exiliada española que está al frente de una pensión, que es como una gran familia de personas contrarias al régimen.

En el coloquio Rafa Russo, que es guionista además de director, contó cómo esta historia le tocó de cerca por sus orígenes argentinos y por su cercanía a la realidad hispanoamericana y porque los personajes principales son guionistas de un programa de humor.

Explicó que le ha interesado mucho contarlo todo desde un punto de vista diferente, desde la antesala del horror más que contar el horror en sí, que ya se ha visto en demasiadas películas. Le interesaba hacerlo desde las emociones, reflejando cómo lo vivió la gente de la calle, la gente corriente, y como poco a poco ese progresivo recorte de las libertades fue afectando a sus vidas a todos los niveles, desde las relaciones laborales, a las amistades y al amor. Y pensó que ese sería un ángulo diferente para contar una historia que puede ofrecer claves para conocer lo que ocurrió en Uruguay, un país con tradición democrática durante gran parte del siglo XX, que desde ese momento se fue despeñando hacia un régimen totalitario.

Considera que ha realizado más un drama con elementos de thriller que a la inversa. Porque le interesaba más el poso que pueda dejar la película en el espectador que el enganche que pueda sentir mientras la ve, y en ese sentido pienso que prevalecen un poco más el retrato de los personajes y sus sentimientos que los requiebros de la trama.

La película se ha rodado entre Montevideo, los exteriores, y en Madrid las escenas de interior. El director se mostró muy satisfecho por haber podido contar con el extraordinario elenco de actores y de actrices y destacó la fotografía de Daniel Aranyo, que ha querido recrear los filmes de los años 70, y la banda sonora de Claudia Bardagí, que también cuenta con un tema del propio director.

Por su parte el actor Daniel Grao, se mostró encantado con el papel que le ha correspondido interpretar en la película, el teniente Rojas, un personaje poliédrico, que mezcla una frustrada vida familiar, con su faceta de torturador y con la relación desesperada que inicia con una prostituta y que va acaparando la atención del film.

Su actuación recoge los momentos de mayor dureza, que sitúan al espectador en la marea de fondo que vaticinaba la tragedia hacia la que se dirige el país, como las sesiones de tortura y el mundo sórdido en el que se mueve el militar.

El actor manifestó que la película, en el momento actual, quiere lanzar un aviso ante el auge de la intolerancia, para que veamos cómo pueden acabar esta deriva y como el auge de los populismos, nacionalismos extremos y partidos de ultraderecha nos están recordando que el peligro de que los regímenes totalitarios vuelvan a socavar las democracias es real.

El director terminó el coloquio recordando como los uruguayos lograron desafiar a base de imaginación a la dictadura, poniendo como ejemplo el movimiento de los limpiaparabrisas, reflejado en los últimos fotogramas de la película y que tenía una doble simbología por el ahogamiento intelectual que sufrían y por la negación de la dictadura, y lo llevaban a cabo con el simple movimiento de negación al ritmo sincopado de los limpiaparabrisas de sus automóviles.

En el siguiente vídeo se recogen algunos momentos del coloquio: 

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