El pasado 6 de junio proyectamos Zaniki, documental de Gabriel Velázquez. El director que ya había visitado el Zoco hace dos años con Análisis de sangre azul presentó la película y después de la proyección mantuvo un interesante coloquio con nuestros espectadores.

Zaniki, un niño de 8 años, admira a su abuelo Eusebio Mayalde, un paisano que parece salido de un cuento. Eusebio es un chamán que aúlla como los lobos en las noches de luna llena. El abuelo canta, baila y sobre todo, sabe hacer música con infinidad de objetos, cucharas, sartenes... convirtiendo así el día a día de la familia en un escenario constante. Su nieto lo absorbe todo con curiosidad infantil. Y el abuelo, por su lado, siente la necesidad de enseñarle lo que en el colegio no puede aprender: la conexión con la naturaleza y la experiencia de "sentir la tradición desde dentro". En un viaje iniciático se echan los dos al monte, en el confín de la meseta castellana, para compartir los ritos más atávicos de su tierra, hasta que Zaniki tome el relevo como nuevo trovador de la tradición.

El director ha realizado una mezcla de documental y ficción partiendo del Grupo Mayalde, formación familiar consagrada a la preservación del folclore y la memoria etnomusical salmantina, pero su relato se focaliza en el ritual iniciático de transmisión de esos saberes ancestrales del abuelo, Eusebio Mayalde, al nieto, Beltrán, apodado Zaniki. Y así la película finaliza con el viaje al monte que el nieto emprende con su abuelo, y con la postrera performance de este, lo que le hace adentrarse a la película en un territorio mítico.

Como señala Jordi Costa en la crítica del El País: “La película de Velázquez no puede estar más enraizada en una tierra y una memoria concretas, pero lo que cuenta es tan universal que, en el fondo, serviría para una historia ambientada en el Polo Norte o la estepa mongola. La inminencia de un final propicia un ritual de relevo que da pie a remansos reflexivos con un punto zumbón –la conversación sobre el karma y la calma-, momentos de lacerante, impecable economía narrativa –la quema del informe médico- y valiosos detalles cargados de conmovedores ecos, libres de falso sentimentalismo –ese beso que adensa su significado en la mejilla de la abuela-. Zaniki hermana testimonio y relato, reduplicando en el espectador lo que sucede en la pantalla: la transmisión de una cultura en peligro de extinción, que sobrevivió hasta el presente en los frágiles canales de la oralidad popular”.

El director conversó con nuestro público explicando como conoció a Eusebio Mayalde y a su familia y como desde ese momento arranco el proyecto de Zaniki para ayudar en lo posible a solucionar el irreversible deterioro de las correas de transmisión a la hora de conservar el folklore. Y puso un especial énfasis en que su película trata sobre la transmisión de los valores a las nuevas generaciones.

Al finalizar el coloquio el director nos dejó el siguiente mensaje:

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