El 29 de octubre volvió Pilar Pérez Solano al Zoco para presentar su último documental: La defensa, por la libertad. La directora vino acompañada por Silvia Lobo y Javier Asenjo, de Elamedia Estudios que participaron con ella en el coloquio con el público.

El documental recoge la historia de la Abogacía española desde mediados de los años 60 hasta 1978, con imágenes inéditas y testimonios de prestigiosos abogados y abogadas que levantaron la bandera del derecho, la justicia y la democracia. En él podemos ver y entender porqué estos abogados fueron encarcelados por ejercer su profesión con dignidad, porqué perdieron su vida asesinados y porqué fueron capaces de aparcar sus diferencias ideológicas para acabar con la dictadura y conseguir un Estado democrático en España.

Los tiempos que vivimos son tiempos complejos, poco dados al análisis de lo que nos rodea con cierta perspectiva. Por eso se agradece que el Consejo General de la Abogacía haya querido echar una mirada a su historia reciente, la que tiene que ver con el salto a la legalidad democrática y lo ha hecho con este documental que ha encargado a Pilar Pérez Solano, ganadora de un Goya en esta categoría por Las maestras de la República.

La directora, y también guionista, ha logrado un trabajo muy sólido, bien armado, cargado de buenas imágenes de archivo y hemeroteca y, sobre todo, y ahí radica su valor, con la presencia de las voces más autorizadas, los grandes protagonistas de aquellos años. De lo particular a lo general, los intríngulis de la abogacía durante el tardofranquismo trascienden lo que parecería una cuestión privada, sectorial: de su actividad resultaba no solo una mejora en su gremio sino la reivindicación de los derechos de todos los españoles. Las voces de Manuela Carmena, Óscar Alzaga, Cristina Almeida, Garrigues Walker, Pablo Castellano, Roca Junyent, José María Mohedano, Paquita Sauquillo y demás justifican el papel de la abogacía y, por ende, del mundo del derecho, en la conquista de la democracia. Con la cumbre emotiva del recuerdo de la matanza de Atocha, que realiza el único superviviente de los hechos: Alejandro Ruiz-Huerta, que homenajea a sus compañeros asesinados recitando sus nombres despaciosamente, porque, como él dice, así cobra sentido la historia y se pone armonía en el universo.

El documental se revela como una reivindicación de un tiempo, la Transición, justo cuando más voces se alzan para denostarla. En los momentos difíciles que vivimos, en los que aparecen autoritarismos y falta de fe en la democracia, es necesario este trabajo para cuidar y defender la democracia cada día. Además debe servir para dar testimonio de nuestra historia a los jóvenes que no vivieron estos hechos cruciales para la consolidación de nuestra democracia. Y enseñarles que “la transición no fue una donación, la transición fue una conquista”.

En el coloquio con el público la directora habló de todo esto y de cómo realizó las entrevistas con todos los participantes, con un primer montaje de 5 horas, que después tras muchos días de trabajo consiguió bajar a dos horas y finalmente dejar en los 71 minutos que dura el documental.

El público quedo impactado y emocionado con el documental y al finalizar el coloquio se acercó a felicitar a la directora por este trabajo tan necesario.

Pilar nos dejo un mensaje al finalizar el evento:

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