El pasado viernes 25 de junio proyectamos una obra emblemática del cine negro, “Perdición” (1944), del director Billy Wilder. En su momento la película supuso una revolución en el tratamiento de los personajes, la puesta en escena y la estructura narrativa. Aunque estuvo nominada a los Oscar en siete categorías, incluidas a la mejor película y al mejor director, no gano ninguno.

Para la presentación y posterior coloquio contamos con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

Antes de la proyección Javier y Mª Eugenia nos comentaron como nació el cine negro al inicio de la II Guerra Mundial (reflejando la visión poco optimista del período) y al calor de la novela negra americana popularizada por escritores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler y James M. Cain.

Tras la proyección nos indicaron que la cinta está basada en la novela “Pacto de sangre” (en inglés, “Double Indemnity”), escrita por James M. Cain en 1936, que a su vez está inspirada en un hecho real ocurrido en 1927, en el que una pareja de amantes asesina al marido de ella con el fin de cobrar el seguro de vida de la víctima. El magnífico guion fue elaborado por el propio Billy Wilder en colaboración con Raymond Chandler.

Para Billy Wilder lo importante era reflejar las emociones de los personajes más que la trama en sí. Por ello, se atreve con un planteamiento novedoso: la confesión como motor narrativo. Así, la película comienza revelando quién es el asesino (rompiendo los esquemas del cine policíaco en el que hasta el último momento no se desvela el misterio) y continúa con una voz en off del propio protagonista dirigiendo la narración de una forma que no es lineal, ya que se utilizan sucesivos flashbacks.

Tres son los personajes claves de la cinta: la “mujer fatal” (Phyllis - Barbara Stanwyck) que encarna la avaricia, la manipulación, la incapacidad de amar; el ingenuo (Walter - Fred MacMurray), un hombre normal víctima de sus propias ambiciones y debilidades; la referencia moral, encarnada por el jefe de Walter (Keyes - Edward G. Robinson), cuyo “duendecillo” le va orientando sobre cómo resolver los casos que se le presentan en la aseguradora. Curiosamente ninguno de los tres actores había interpretado papeles similares y tuvieron, al principio, bastantes reticencias en cambiar sus registros.

Nos comentaron también el cameo del propio Raymond Chandler (sentado en una silla a la salida de la oficina del protagonista), así como la aparición, en una breve escena (el camionero que intenta engañar a la aseguradora), de un actor español, Fortunio Bonanova.

Mª Eugenia y Javier comentaron el estilo visual de la película y la magnífica fotografía de John Seitz. La quintaesencia del cine negro quedó perfectamente representada e inauguró un cierto naturalismo fotográfico: iluminación de alto contraste, jugando con luces y sombras, siempre con el objetivo de conseguir el mayor realismo posible. De esta forma se refleja estupendamente el ambiente de autodestrucción y fatalismo.

La habilidad de Billy Wilder queda perfectamente de relieve en tres escenas: la del primer encuentro de Phyllis y Walter, donde hay unos diálogos de un sarcasmo y vivacidad geniales; la del asesinato del marido de Phyllis, con la terrible mirada de esta llena de satisfacción; la de la puerta del apartamento de Walter, en la que coinciden los tres personajes y que es de una gran tensión (aunque las puertas no abran hacia afuera).

Finalmente se apuntó a los cambios producidos en el final de la película. En la obra de James M. Cain, al final Phyllis y Walter huyen en un barco, acosados por la policía y deciden suicidarse lanzándose al mar. Wilder consideró que no era un final apropiado y decidió rodar una escena en la que Walter moría en la cámara de gas. Aunque la escena se llegó a rodar, finalmente el director consideró oportuno no incluirla en el montaje con el fin de eliminar cualquier tipo de fábula moral que pudiera derivarse. Era de la opinión de que no añadía nada nuevo una vez que Keyes conoce la verdad. Además, la censura de la época tampoco consideraba adecuado representar tan al detalle el sufrimiento causado en la aplicación de la pena de muerte.

El público disfrutó mucho de la película y recordó con cariño la impresión que le causó su primera visión en su juventud. Como quedó demostrado el cine negro es uno de los géneros favoritos de nuestros espectadores.

 

Texto y Fotos de Javier López, socio de Cines Zoco Majadahonda.