El 5 de mayo recibimos en el Zoco a la directora Helena de Llanos con su película Viaje a alguna parte, una mezcla de documental y ficción con la presencia y la ausencia de Emma Cohen y Fernando Fernán Gómez.

Helena de Llanos es nieta de Fernando Fernán Gómez, aunque no lleve su apellido, y de Emma Cohen, aunque no lleve su sangre. Ella empezó este trabajo introspectivo junto a Emma Cohen que dirigió los primeros pasos del documental, comenzando por desembalar cajas y recuerdos en la casa donde la pareja convivió durante más de 30 años. Desde la muerte de Emma en 2016, Helena se instaló en la casa desbrozando los recuerdos de sus abuelos. Ella era la heredera de la casa porque así se lo dijo Emma cuando, tras la muerte de Fernando Fernán Gómez, ella investigaba en la casa con la idea de hacer una película sobre su abuelo.

La casa quedo vacía de ellos, pero llena de todo lo suyo, y la nieta lo comienza a ordenar todo y a realizar su trabajo documental con mucho material a analizar. 

Helena en el documental ha mezclado lo real y lo ilusorio, con un propósito de homenaje, una recopilación de sentimientos y obra, un viaje hacia el peso del pasado, dentro de una trayectoria confusa y enigmática. Y lo hace con enormes dosis de imaginación, estableciendo un diálogo con su abuelo a partir de secuencias de películas protagonizadas por el actor.

El collage audiovisual de la realizadora explora la figura de su abuelo a partir de los archivos de la casa. La película se sirve de elementos de inserción digital para jugar con los archivos fílmicos de Fernán Gómez y traerlo de vuelta hasta nuestros días a través de la película. Sin llegar a caer en el ensimismamiento, pese al cariño con el que parece estar tejido cada segundo del metraje, Helena de Llanos revive el espíritu de Fernán Gómez a través de las distintas caras del poliedro que fue: director, actor, dramaturgo, director y por supuesto abuelo.

La directora después de la proyección respondió a las preguntas de los espectadores interesados en conocer la relación con “sus abuelos” y explicó que había establecido un diálogo imposible con su abuelo y que esto le gustaba mucho. Mantiene una conversación con él, como si estuviera vivo: “Hablo con él sobre cómo nos relacionamos con los que ya no están. Mi intención ha sido no incidir en sus logros profesionales, sino trabajar con ese espíritu creativo y libre para lograr un objeto cinematográfico más expresivo que analítico, basado en la imaginación que ellos me transmitieron”. 

Helena explicó como comenzó una exhaustiva investigación por todos los rincones, cajones, cajas y maletas que inundan el sótano de la casa, un lugar lleno de tesoros y sorpresas, entre los que había mucho material inédito: “Me interesaba mucho la figura de mi abuelo. Había muchas cosas de su obra que yo no conocía. Y ese impulso por conocer en profundidad su vida creativa me llevó a pensar en una película. Este primer intento estaba centrado en mi abuelo, porque Emma, que vivía entonces, no quería aparecer. Ella me ayudó, me documentó, me dio acceso al sótano, me animó a hacer una película cuanto más rara mejor, a que me divirtiera y jugara. Cuando muere Emma y ya no puede interferir en mi voluntad, se convierte en un personaje igual de central que mi abuelo”.

En este viaje que plantea la película, que es un viaje entre el sueño y la vigilia, en el que se mezcla lo cotidiano y lo imaginario, conversando con el pasado y el presente, van apareciendo figuras como José Sacristán, Juan Diego, Óscar Ladoire, Verónica Forqué o Tristán Ulloa, que da vida a Juan Soldado, el personaje interpretado por Fernando Fernán Gómez en la película homónima que también dirigió en 1973: “Rescato Juan Soldado porque es un cine libérrimo, anarco-cine maravilloso sobre ese soldado que ni teme ni debe y que deambula por la casa con su coraza y su casco”, añadió la directora.

Para ella ha sido un privilegio haber compartido tantos momentos con estas dos personas tan creativas y libres, completamente genuinas, que fueron siempre como quisieron ser, fieles a sí mismas y brutalmente honestas. Y añadió: “En esta casa siento muchas cosas: lo primero, alegría porque aquí era donde jugábamos mi hermano y yo de pequeños. Era la casa de los abuelos divertidos. También siento emociones que tienen que ver con la memoria, que no con la nostalgia, porque estar aquí dentro me invita a recordar el pasado. Todo esto se une con la responsabilidad que se otorga a si misma de intentar difundir lo que me he encontrado, de mantener ese legado que crearon Fernando y Emma durante décadas”.

En cuanto a la cantidad de material recopilado dijo: “No paran de salir cosas, podría estar toda la vida haciendo esto, pero no creo que sea sano para mí”. Por eso barrunta que, ahora sí, ya está llegando al final: “Queda mucho material por investigar y reelaborar, pero ahora lo que me gustaría es que esto fuese de acceso público para investigadores y creadores que lo continúen. A través de la Biblioteca Nacional o de una institución que conserve los materiales”.

También ensalzó la figura de Emma Cohen a la que agradeció que la enseñara a soñar y a mirar al mundo de maneras que no sean las literales, las que están aquí y ahora: “Yo he aprendido mucho de Fernando, sobre todo de investigar su trabajo. Pero Emma es mi maestra absoluta. Ella se comía la vida allí por donde pasaba y siempre tuvo en el centro disfrutar. Disfrutar y rebelarse contra lo establecido”.

Finalmente reconoció que se ha sentido atrapada en la casa, en plan Ángel exterminador. A veces se plantea: “¿Voy a ser capaz de salir de esta casa? Yo creo que sí, otra cosa es cuándo me decida a hacerlo”.

Texto y Fotos: Jesús Escudero. Coordinador Eventos Cines Zoco Majadahonda.

 

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