El 28 de septiembre de 2025 se proyecta «La naranja mecánica» en el Cinefórum organizado por la Asociación Cultural «Pórtico de la Cultura» en colaboración con los Cines Zoco Majadahonda, para lo cual contamos con la presencia de Irene de Juan, pianista y musicóloga, y con Víctor Guedán, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y fundador de la asociación Pórtico de la Cultura.

En esta mítica película del año 1972, adaptación libre de un libro de Anthony Burgess del mismo nombre, nos trasladamos a un mundo distópico ubicado en el Reino Unido donde reina la ultra violencia en un entorno hiper sexualizado, y cuyo máximo exponente es Max, el joven protagonista del filme, al cual sus delitos le llevarán a experimentar la sombra que el mismo volcó en la sociedad, sufriendo cárceles militarizadas, tratamientos destructivos de la personalidad, la venganza de sus antiguas víctimas, o las derivadas de ser sujeto de oscuras maniobras políticas.
El director en el filme se recrea continuamente con paradojas, como la contraposición de la belleza de un escenario teatral con la pelea que se desarrolla en él, o la existente y tan señalada en el plano musical, pues no solo Max es un melómano que ama especialmente a Beethoven, sino que la música elegida es tal que las escenas en que se emplean son opuestas a su sentido cultural habitual, siendo su máxima expresión el empleo de la canción «I’m singing in the rain» en una violación.
La violencia extrema, el sexo explícito, una estética impactante de los años 70, y una música magistral, te acompañará en esta magnífica película dirigida por Stanley Kubrick, y en la que Malcolm McDowell da una clase magistral en el papel de Max, que no puede dejar indiferente a nadie.
En el Cinefórum, tanto Irene de Juan como Víctor Guedán, nos permiten con sus reflexiones disfrutar más profundamente de esta película al darnos claves para su comprensión en los diferentes planos en que se puede situar.
Primeramente, nos invitan a ubicar adecuadamente «La naranja mecánica» en su tiempo y lugar, destacando que refleja, aunque sea simbólicamente, las sombras existentes en la sociedad inglesa de la época, lo cual generó un inmediato y mayúsculo escándalo, que le llevó a enfrentarse a prohibiciones, a la infamante calificación X en Estados Unidos si no se eliminaban determinadas escenas, y a la acusación de fomentar la violencia que precisamente se quería denunciar.
En España, sorprendentemente, no tuvo especiales problemas para su estreno en versión original en los cines de arte y ensayo en 1975, quizás para dar una imagen aperturista del régimen, y cuyo posterior reestreno ya se hizo doblada al español, para lo cual se contó con figuras de primera línea, como Vicente Molina Foix como traductor, el cual se enfrentó al reto de trasladar el neolenguaje que emplea Max y sus amigos a nuestro idioma, y Carlos Saura como director del excelente doblaje.

Una vez ubicado adecuadamente el filme se hacen interesantes reflexiones, como la relativa al alcance de la libertad que dispone el ser humano, y que en la película se expresa por las preocupaciones del sacerdote al oponerse al tratamiento de reeducación que había recibido Max, pues iba a eliminar su libre albedrío, la elección irrenunciable entre el bien y el mal, de acuerdo al concepto presente en San Agustín de Hipona.
Se incide que esta libertad puede ser eliminada por la ciencia con lo que en psicología se denomina conductismo científico, cuyas bases las puso el estadounidense J. B. Watson, y que se aplican en la película de forma indiscriminada, e inhumana, en Max.
Diferente es el enfoque tradicional de conseguir una conducta adecuada en la sociedad a través de la educación, y que en la trama es representada por la figura del director educativo de Max, que siente como fallos propios el comportamiento antisocial del protagonista.
Otro aspecto que permite encontrar nuevas lecturas a la película, es contemplar con ojos contemporáneos el filme, lo cual muestra cómo ha evolucionado nuestra sociedad, por ejemplo, en la contemplación de la violencia, pues lo que en su día se consideraron escenas extremas, hoy se superan en multitud de videojuegos y en las grandes películas de acción de Hollywood.
Asimismo escenas sexuales que en su tiempo fueron un escándalo, hoy se observan como excelentes coreografías, como puede ser la escena del trío sexual, o la sexualidad explícita presente en desnudos o escenas eróticas, es habitual en la cinematografía actual.

Como no podía ser de otra forma es imprescindible fijarse en la banda sonora, definida por su director para desafiar el concepto cultural y musical que tenían previamente las piezas, como puede ser la empleada de Purcell, compuesta para los funerales de la Reina María de Inglaterra, o la Obertura de Guillermo Tell de Rossini, ambas símbolos de libertad individual, y que se emplean en el filme en sentido opuesto. En este sentido se puede citar también la contraposición de la música de Rossini y de Beethoven.
También se destaca a la autora de la banda sonora, Wendi Carlos, con los excelentes efectos electroacústicos que introduce en la película.
En definitiva, una película impactante, que ha envejecido muy bien, y que muestra las sombras existentes en nuestra sociedad, la ultra violencia, la hipersexualización, el control de la población por medio de técnicas psicológicas o el abuso de poder por la política, y que nos debiera hacer reflexionar sobre hacia dónde se dirige el mundo que vivimos.
Texto: Eduardo Lacambra, colaborador de Eventos en Cines Zoco
Fotos: Estrella Urzaiz, colaboradora de Eventos en Cines Zoco



