El pasado jueves 11 de septiembre de 2025, dentro del Proyecto Viridiana, tuvimos el honor de contar con la visita en Cines Zoco de Carla Simón, directora y guionista de “Romería” y con la actriz Bárbara Lennie, que moderó el animado coloquio posterior a la proyección. Dada la enorme expectación que generó el evento se tuvieron que abrir las cuatro salas del cine para dar cabida a los 405 espectadores que asistieron presencialmente, lo que supuso un rotundo éxito para nuestro proyecto, siendo el mayor acontecimiento habido hasta la fecha en Cines Zoco. El coloquio también se habilitó en formato virtual para que personas de toda España pudieran seguirlo y hacerle llegar sus preguntas a la directora.

“Romería” se presentó oficialmente en el Festival de Cannes 2025 y se estrenó en salas el pasado 5 de septiembre. Según nos contó la propia Carla, con ella cierra su trilogía sobre la memoria familiar, compuesta por “Verano 1993” y “Alcarràs”. “Creo que mi familia agradecerá que la deje en paz una temporada”, comentó con una sonrisa.
La película cuenta la historia de Marina, que viaja a Vigo desde Barcelona para conocer a la acomodada familia de su padre, fallecido muy joven de sida, al igual que su madre, siendo ella muy pequeña. La enfermedad llegó después de un largo pasado de adicción a las drogas, del que nadie quiere hablar. A través de los encuentros con sus tíos, tías y abuelos, la joven intenta reconstruir el relato de sus padres, uniendo las piezas que las conversaciones y, sobre todo, los silencios, le van aportando.
Es a través de sus primos (“sólo los niños dicen la verdad”, dijo Carla Simón durante el coloquio) como va recabando datos de un pasado común al que ella no ha pertenecido. Y, a través de su enamoramiento veraniego y fugaz con Nuno, como va reconstruyendo de manera imaginada y poética la historia de amor de sus padres, tan desgarrada como auténtica, sin filtros. La película se desdobla aquí en una segunda película, el cine dentro del cine, de una belleza tan sutil como desgarradora, que nos proporciona una nueva visión ligeramente velada por la pátina del tiempo (como atestiguan el color y la textura de la imagen) sobre la historia que ya creemos conocer.
Acompañan a Marina en la búsqueda de su pasado dos elementos clave: una cámara de video, con la que registra paisajes, rostros y situaciones, y un diario que perteneció a su madre, que narra su vida en Vigo, a donde se mudó desde Barcelona para estar con Fon, su padre.
Y así, alternando dos momentos del tiempo (los años 80 y el año 2004, el presente de Marina) y a través de varias preguntas clave que estructuran la narración, como “¿Somos familia por tener la misma sangre?”, Marina descubrirá poco a poco su propia historia. Y también entenderá que detrás de la vergüenza aparente hacia los conflictos de drogas de la pareja, que impide a su familia hablar de lo que ocurrió y tratarla con naturalidad y afecto, es la herida abierta que les produjo la pérdida del hijo lo que ruge aún.

El milagro de la película es que si bien resulta dolorosa por los temas tratados, es al mismo tiempo profundamente luminosa. Mantiene un delicado equilibrio entre la sombra y la luz, entre la soledad y el desamparo que transmite su protagonista femenina, y la alegría vital que destella por momentos en el brillo del mar y los ojos de Marina. Su fragilidad, que hasta su atuendo resalta, es compatible con la determinación y la persistencia que la llevan a conseguir su objetivo: una firma que implica todo un reconocimiento a una vida que existió y que sigue existiendo en otra más, la suya.
Y es que, finalmente, nos construimos a nosotros mismos con nuestra familia, pero también contra ella. El origen nos determina, sí, pero también podemos construir nuestro propio camino. Y para sanear el pasado, para poder reconciliarnos y perdonar, no queda otra que abrir los altillos de la memoria y airear lo ocurrido en una soleada mañana de verano o cuatro, mucho mejor si es a bordo de un velero.
Durante el coloquio pudimos reflexionar sobre cuánto hay de realidad y de ficción en la obra. Carla nos recordó que la memoria es tramposa; que cuando recordamos algo, en realidad no recordamos lo que ocurrió, sino la última vez que lo recordamos. Por ello, de alguna manera, todo es ficción y, al mismo tiempo, todo está basado en hechos reales. En su caso, las cartas que conserva de su madre, y que convierte en un diario en la película.
También nos contó cómo habían llevado a cabo el extenso casting, al que se presentaron más de 2000 aspirantes. Finalmente, encontraron a Llúcia en una calle de Barcelona, recién llegada de unos campamentos y sin haber dormido prácticamente en una semana. La abordaron para que se sumase al proyecto y ella, ligeramente desconfiada, se presentó en el rodaje con unos amigos. Cuenta Carla que, para probar si funcionaba el dúo con Mitch, la primera vez que se encontraron les hizo bailar.
Bárbara Lennie destacó el trabajo actoral realizado, que hace que todos los actores y no actores que participan en la película se perciban realmente como una familia. Carla contó que, en efecto, habían desarrollado muchas actividades y ejercicios previos al rodaje para lograr esa relación natural y que, cuanto estaban a punto de terminar la película, José Ángel Egido (el abuelo Piñeiro) le decía: “¡Es que yo a estos niños los quiero como si fueran mis nietos!”

Carla Simón apuntó que “las personas se van, pero los espacios permanecen”. Es por eso que recurre a ellos (la bahía de Vigo, el edificio Toralla, el casco antiguo, el puerto, etc.) para encontrar retazos de la historia de sus padres y, con ellos, de la suya propia. La manera poética e imaginaria que utiliza para ello es delicada y, al mismo tiempo, se fija con fuerza en la memoria. El gato, hilo conductor de estos espacios, fue un empeño personal de la directora, que no había podido incluirlo en sus anteriores obras. También supone un pequeño homenaje a “Fernández”, el gato que perteneció a sus padres.
Para terminar, Carla Simón recordó a Xulia Alonso, cuyo testimonio recogido en el libro “Futuro imperfecto” le fue muy valioso para construir el guion. Por último, quiso dar las gracias a esa generación, la de sus padres, que nos abrió las puertas de la libertad, aunque pagó un precio muy alto por ello.
“Todas las familias felices se parecen; las infelices lo son cada una a su manera” (Leon Tolstoi)
Texto: Patricia Fernández Azofra, socia de Cines Zoco responsable de «Opera & Ballet»
Fotos y Video: Jesús Escudero, responsable de eventos en Cines Zoco


Al finalizar el evento la directora nos dejó el siguiente mensaje:




Qué maravilla de película y qué maravilla de crónica!
La película se queda con uno días y días después de verla, irrumpe en el pensamiento diario; esa es la marca de las grandes historias.
Gracias, ya estoy deseando volver a verla!!