CINE CLÁSICO. Crónica de «Dos en la carretera» de Stanley Donen

Sep 19, 2026

El 18 de septiembre de 2026 iniciamos la nueva temporada de cine clásico con la proyección de la estupenda “Dos en la carretera” (1967) del director Stanley Donen. Una de esas películas que, bajo la apariencia de una comedia romántica, esconden una mirada mucho más amarga, lúcida y adulta sobre el amor y el matrimonio.

Para la presentación y posterior coloquio contamos como siempre con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, experto en historia del cine y miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

La película narra la relación de Joanna y Mark Wallace a lo largo de aproximadamente doce años, utilizando sus sucesivos viajes por las carreteras del sur de Francia como hilo conductor de una historia en la que el tiempo, los recuerdos y las heridas acumuladas adquieren tanta importancia como los propios personajes.

Como destacó Mª Eugenia, lo verdaderamente innovador de la película no reside tanto en lo que cuenta como en cómo decide contarlo. Donen y el guionista Frederic Raphael rompen con la narración cronológica convencional y construyen el relato mediante continuos saltos temporales. El espectador contempla a Joanna (Audrey Hepburn) y Mark (Albert Finney) en diferentes momentos de su relación sin que estos aparezcan necesariamente ordenados cronológicamente. De esta manera, el presente, el pasado y los diferentes estadios de su matrimonio se mezclan constantemente.

Esta estructura convierte la carretera en algo más que un simple escenario. El viaje se transforma en una auténtica metáfora del recorrido vital de la pareja. La misma ruta francesa es recorrida en diferentes momentos de sus vidas y, aunque el paisaje apenas haya cambiado, quienes viajan por ella ya no son las mismas personas.

El recurso resulta especialmente eficaz porque cada nuevo episodio modifica nuestra percepción de los anteriores. Una conversación que inicialmente puede parecer simplemente ingeniosa o agresiva adquiere un significado diferente cuando descubrimos qué ha sucedido entre los personajes. Un gesto de cariño puede esconder una decepción y una discusión aparentemente trivial puede revelar años de resentimiento.

Para Javier el montaje de Richard Marden y Madeleine Gug desempeña en este sentido un papel fundamental. Los saltos temporales son rápidos y, en ocasiones, deliberadamente bruscos. Donen utiliza además conexiones visuales y sonoras para pasar de una época a otra, estableciendo sorprendentes correspondencias entre los diferentes momentos de la vida de Joanna y Mark. El montaje no sirve únicamente para ordenar la historia: es una forma de expresar cinematográficamente el funcionamiento de la memoria.

Uno de los grandes hallazgos de la película es precisamente que el pasado no aparece como algo cerrado y definitivamente superado. El pasado convive permanentemente con el presente. Los personajes actuales llevan dentro a aquellos jóvenes que fueron y, al mismo tiempo, contemplamos a los jóvenes sabiendo en qué terminarán convirtiéndose.

La extraordinaria química entre Hepburn y Finney es fundamental para que funcione esta compleja mezcla de amor, resentimiento, humor y tristeza. Sus discusiones tienen una extraordinaria naturalidad porque detrás de cada frase ingeniosa parece existir una historia que el espectador no siempre conoce completamente.

El guion de Frederic Raphael, nominado al Oscar, destaca precisamente por esos diálogos rápidos y afilados. Los personajes utilizan con frecuencia el humor como arma defensiva. Se atacan, se provocan y se ironizan mutuamente, pero muchas de esas bromas esconden una evidente incapacidad para expresar directamente aquello que sienten.

De esta manera, la película consigue un difícil equilibrio entre la comedia y el drama. Hay situaciones genuinamente cómicas —algunas relacionadas con los coches, los hoteles, los viajes o los personajes secundarios—, pero la risa suele llevar incorporada una cierta sensación de incomodidad. El espectador se ríe porque reconoce la situación, pero también porque percibe detrás de ella algo doloroso.

El público señaló que la música de Henry Mancini contribuye decisivamente a esa sensación agridulce. Su tema principal posee una belleza melancólica que acompaña perfectamente los distintos estados emocionales de la pareja. La música parece recordar constantemente que, aunque el viaje continúe, el tiempo perdido no puede recuperarse.

Como señaló Mª Eugenia, es interesante situar Dos en la carretera dentro de la evolución de Stanley Donen. El director había sido una de las grandes figuras del Hollywood clásico gracias, entre otras películas, a “Cantando bajo la lluvia”, realizada junto a Gene Kelly. Sin embargo, en la década de los sesenta su cine empezó a mostrar una mayor libertad formal y una sensibilidad más próxima a las transformaciones que estaba experimentando el cine europeo.

“Dos en la carretera” representa en cierto modo ese tránsito. Continúa existiendo el refinamiento visual del cine clásico, pero aparece acompañado por una estructura narrativa mucho más moderna, una mirada menos complaciente sobre las relaciones sentimentales y unos personajes adultos enfrentados a problemas que no tienen una solución sencilla.

Durante el coloquio se puso de manifiesto que el final puede interpretarse de una manera mucho más ambigua de lo que podría parecer inicialmente. Joanna y Mark continúan juntos, pero la película no presenta esa continuidad como un triunfo absoluto. No sabemos si han solucionado realmente sus problemas. Lo que existe es una especie de reconocimiento mutuo: después de tantos años, ambos conocen demasiado bien al otro como para fingir que la relación puede volver a ser como al principio.

En “Dos en la carretera”, la carretera no conduce únicamente de un lugar a otro. Es el camino que recorren dos personas a través del tiempo. Un camino lleno de curvas, accidentes, desvíos y lugares a los que uno regresa sin ser ya la misma persona.

Y quizá esa sea la verdadera paradoja de la película: Joanna y Mark pasan doce años intentando llegar a algún lugar cuando, en realidad, lo que están haciendo es aprender a convivir con el camino que han recorrido juntos.

Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta DIrectiva de Cines Zoco

Fotos: Ana Ferro, socia de Cines Zoco

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