Como no podría ser de otra forma, el viernes 17 de octubre de 2025 se llenó la sala para disfrutar de “El Padrino” (1972), esta joya que tiene el enorme privilegio de no envejecer con el tiempo y de seguir sorprendiendo a las nuevas generaciones. No importa las veces que uno la haya visto que siempre saborea algún aspecto nuevo de la estructura narrativa, la fotografía, el montaje, etc. Cuánto le debemos a Francis F. Coppola, que tuvo que enfrentarse a la plana mayor de la Paramount para rodar lo que él entendía como fundamental en la obra literaria de Mario Puzo, “El Padrino”. Para él el leitmotiv de la película tenía que ser la exploración de las dinámicas del poder y la familia, la lealtad y la corrupción, y debía estar ambientada en los años 40 y 50 del siglo XX y ser rodada en Nueva York, tal y como se refleja en la novela. Una obra que huyese de los estereotipos de las películas de gangsters de los inolvidables Edward G. Robinson y James Cagney tan en boga en los años 30.

Para el coloquio contamos con nuestros habituales ponentes, Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco y experto en historia del cine.
Como señaló Mª Eugenia difícilmente se puede encontrar una obra en la que todo encaje como un guante. «El Padrino» es una obra maestra no solo por sus temas profundos, sino también por su impecable ejecución cinematográfica. La película es un ejemplo de cómo se combinan diferentes aspectos técnicos y artísticos para crear una experiencia cinematográfica inolvidable.
La película trasciende la cultura cinematográfica al realizar una intricada disección de temas universales, referencias culturales y una estética que sigue vigente.
En el epicentro de «El Padrino» está la familia Corleone, que representa tanto el refugio como la trampa para sus miembros. La familia no se presenta sólo como un vínculo sanguíneo, sino como una institución que regula la vida de sus integrantes, a menudo priorizando los intereses del clan sobre los deseos personales. El arco narrativo de Michael Corleone (interpretado magistralmente por un Al Pacino impasible) ilustra esta tensión; comienza como un “outsider” dentro del negocio familiar, sólo para ser absorbido y, en última instancia, transformarse en su líder despiadado. Uno de los aspectos por los que sobresale la película es por la empatía que generan las escenas familiares (la boda, los preparativos de las comidas, los niños que corretean y juegan con adultos), por lo que al final hasta sentimos lástima por la muerte de Don Vito Corleone (un papel que borda Marlon Brando y que le valió un Oscar).
La película explora también el poder en sus formas más crudas y sutiles. A través de Don Vito Corleone, el poder se muestra como un delicado equilibrio entre la fuerza bruta y la diplomacia afable. Su famoso lema, «le haré una oferta que no podrá rechazar», encapsula esta dualidad, sugiriendo tanto la habilidad estratégica como la intimidación implacable.
La lealtad es otro pilar fundamental en la narrativa de «El Padrino». La película examina cómo esta virtud puede ser una moneda de doble cara, lo mismo une a los personajes que los enfrenta, derrumbando el código de honor que originalmente prometía asegurar. La traición y el juego de alianzas son elementos constantes que impulsan la trama, mostrando lo frágil que puede llegar a ser la confianza entre asociados y familiares.
Finalmente, la película también es un examen incisivo de la corrupción en la sociedad. La película no solo expone la corrupción dentro del ámbito criminal, sino que también deja al descubierto las instituciones legales y políticas vulnerables a las influencias del poder socioeconómico que los Corleone representan. En este universo, la ley es maleable, y el crimen organizado se presenta como una parte integral del orden social.
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Uno de los aspectos que destacó Mª Eugenia fue el guion escrito por Puzo y Coppola, que se estructura en pequeñas minihistorias que se van entrelazando con un magnífico ritmo permitiendo a los espectadores sumergirse completamente en el mundo de la familia Corleone. Es una obra maestra del desarrollo de personaje y trama, logrando mantener una narrativa coherente y cautivadora a la vez que refleja los matices y complejidades de los personajes y sus relaciones. El diálogo es magistral, lleno de citas memorables que aportan profundidad y autenticidad a los personajes (“le haré una oferta que no podrá rechazar”, “un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”, “no es un tema personal, son negocios”).
Para Javier, uno de los elementos primordiales de la película es el tono que Gordon Willis impregnó a la fotografía. El uso que hace de la iluminación baja y el contraste elevado ayuda a crear un ambiente de tensión y misterio. Las sombras profundas y las iluminaciones parciales (iluminación cenital y frontal) refuerzan la sensación de secreto y conspiración, y se convierte prácticamente en un personaje en sí mismo, reflejando la ambigüedad moral de la historia. La composición visual también dibuja una línea clara entre lo íntimo y lo público, acentuando la dualidad con la que luchan los personajes. Un ejemplo claro es la escena inicial, con el contraste lumínico entre la boda y la recepción en el despacho de Don Corleone.
También elogiaron el montaje que consigue una narrativa fluida mientras elabora la complejidad de las múltiples líneas argumentales, destacando los montajes alternativos ejemplificado en la escena inicial, y el espléndido y novedoso montaje paralelo del bautizo del sobrino de Michael, donde los paralelismos visuales y el cambio rítmico de escenas intensifican el impacto emocional y temático, contraponiendo la inocencia con la violencia.
Finalmente, no se puede olvidar la icónica banda sonora de Nino Rota que complementa perfectamente el tono de la película. El tema principal es profundamente melancólico y refleja la tragedia inherente a la narrativa de los Corleone, mientras que otras piezas musicales ayudan a definir el ambiente emocional de la película.
La obra obtuvo tres Oscar, a la mejor película, mejor guion y mejor actor.
En definitiva, una obra maestra, visualmente impactante, que se mantiene en plena forma y que catapultó a Robert Duvall, John Cazale y Diane Keaton, gracias a sus inolvidables interpretaciones.
¡Viva “El Padrino” y viva Coppola!
Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco
Fotos: Jesús Escudero, responsable de Eventos en Cines Zoco





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