CINE CLÁSICO. Crónica de «Ciudadano Kane» (1941) de Orson Welles

Feb 17, 2026

El 13 de febrero de 2026 proyectamos “Ciudadano Kane” (1941) de Orson Welles, la película que críticos y cineastas consideran como la más influyente de la historia. Y es que un joven de 25 años, sin experiencia ninguna en el séptimo arte, dinamitó los principios tradicionales de la producción fílmica.

Para la presentación y posterior coloquio contamos con la habitual presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, experto en historia del cine y miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

La génesis de «Ciudadano Kane» es casi tan fascinante como la película misma. Orson Welles, un joven prodigio del teatro y la radio, ya había dejado su huella en el mundo del entretenimiento con su célebre emisión radiofónica de «La Guerra de los Mundos». A los 24 años, firmó un contrato con RKO Pictures que le otorgó un control creativo sin precedentes, algo inaudito para alguien de su edad y experiencia. Este acuerdo permitió a Welles no solo dirigir, sino también escribir, producir y protagonizar «Ciudadano Kane». La historia se inspiró, en gran medida, en la vida del magnate de la prensa William Randolph Hearst, aunque Welles siempre sostuvo que el personaje central era una amalgama de figuras poderosas de la época.

Como señaló Mª Eugenia el guion, co-escrito por Welles y Herman J. Mankiewicz, es una exploración narrativa audaz, estructurada a través de múltiples perspectivas y una serie de flashbacks que deconstruyen la vida de Charles Foster Kane. Esta estructura no lineal era inusual para su tiempo y permitió un análisis profundo de los temas del poder, la corrupción y la soledad a través de testimonios de quienes lo conocieron, alejándose de las narraciones más directas y didácticas típicas de la época. Todo ello, junto con la inclusión de un documental dentro de la propia película causó asombro en los espectadores y, por qué no decirlo, sobre todo desconcierto.

Para Javier el gran mérito de Welles fue rodearse de los mejores profesionales. Así, el director de fotografía Gregg Toland desempeñó un papel crucial. Su uso innovador de la profundidad de campo permitió que múltiples planos dentro de una misma imagen estuvieran en foco simultáneamente, una técnica que añadió complejidad visual y simbólica a la narrativa. Además, la experimentación de Toland con técnicas como el sobreimpresionado y las transiciones creativas que proporcionaban una continuidad visual, combinada con los ingeniosos ángulos de cámara de Welles, contribuyó a la creación de imágenes icónicas que desafían constantemente la percepción del espectador.

El sonido y la música también son elementos esenciales en «Ciudadano Kane». Welles, con su experiencia en la radio, entendió el poder del sonido y experimentó con ecos, superposiciones y distorsiones sonoras para enriquecer la atmósfera del film. La partitura de Bernard Herrmann (su opera prima para el cine), con su capacidad de evocar emociones profundas, complementó perfectamente la narrativa visual y auditiva, consolidando su reputación como uno de los grandes compositores de cine.

En el ámbito del maquillaje y el montaje, «Ciudadano Kane» fue igualmente revolucionaria. Welles envejeció de manera convincente en pantalla gracias a un maquillaje extraordinario que era innovador para la época. El montaje, a cargo de Robert Wise, empleó cortes abruptos y transiciones ingeniosas que contribuyeron a la fluidez narrativa a pesar de la estructura fragmentada.

Otro aspecto que destacó Mª Eugenia es que la gran mayoría de los actores que intervinieron no tenían experiencia alguna en el cine. La gran mayoría de ellos fueron reunidos por Welles del Mercury Theatre, su compañía teatral de Nueva York, lo que añadió una dinámica teatral y una química perceptible entre los intérpretes. Joseph Cotten, en el papel de Jedediah Leland, brindó una actuación que combinaba simpatía y escepticismo, proporcionando un contrapeso a la intensidad de Kane y transmitiendo con matices el desencanto frente a las ambiciones de su amigo. Agnes Moorehead, como la madre de Kane, aunque su papel es breve, dejó una impresión duradera con su representación fría y pragmática que presagiaba el destino solitario de su hijo. Ruth Warrick en el rol de Emily Norton, la primera esposa de Kane, encarnó la fragilidad y el desencanto que impregnan las relaciones interpersonales del magnate. También están muy bien Everett Sloane (Mr Bernstein) y Dorothy Comingore (Susan Alexander).

La actuación de Welles como Charles Foster Kane fue una de las más destacadas, mezclando su carisma personal con la presencia intimidante y vulnerable de su personaje. Su habilidad para transitar desde la arrogancia desmesurada hasta una introspección melancólica hizo de Kane un personaje complejo y trágico, representando una amplitud emocional que resonó poderosamente entre los espectadores.

Pero, como indicó Javier, una obra tan relevante como esta estuvo a punto de no ver la luz ya que la RKO se encontró con grandes obstáculos para su distribución debido a la influencia de Hearst. Este utilizó todo su poder mediático para intentar que se destruyesen el negativo y todas las copias de la cinta y, al no conseguirlo, logró convencer a los distribuidores para impedir su distribución masiva en salas. Fruto de ello, aunque tuvo un gran impacto en la crítica, la respuesta del público no fue tan positiva. Estuvo nominada a nueve premios Oscar pero solo recibió uno, al mejor guion. Sin embargo, a mediados de los años 50 «Ciudadano Kane» resurgió gracias a los críticos europeos y a su reposición en los circuitos de cine de arte y ensayo, consagrándose como un clásico indiscutible.

Como se comentó al final del coloquio “Rosebud”, la palabra pronunciada por Kane en su lecho de muerte, que desencadena la búsqueda de su significado por parte de un periodista que intenta desentrañar el enigma detrás de la vida y las motivaciones del magnate, no deja de ser un MacGuffin.

El significado de «Rosebud» se revela al final de la película como el nombre del trineo de la infancia de Kane, que representa un símbolo de la inocencia perdida y los momentos sencillos y felices antes de que fuera arrancado de su hogar para vivir una vida de privilegio y poder. Por ello, «Rosebud» actúa como un símbolo de las cosas que Kane perdió cuando su vida cambió drásticamente, un simple objeto que encapsula las añoranzas profundas de amor genuino, seguridad emocional y felicidad auténtica, que ni su fortuna ni su influencia pudieron otorgarle de adulto.

También se destacó el innegable impacto de Welles y su «Ciudadano Kane» en futuros cineastas por su enfoque audaz y su disposición a desafiar las convenciones existentes.

Como reflexión final, transcurridos tanto años, deberíamos plantearnos si Charles Foster Kane realmente presenta a W. R. Hearst o más bien al propio Orson Welles.

Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de CInes Zoco

Fotos: Alvaro Feito, empleado de Cines Zoco

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