El viernes 10 de abril de 2026 tuvimos ocasión de disfrutar de una de esas películas que producen un fuerte impacto emocional en quien la ve por primera vez. Se trataba de la magnífica “El cazador” (1978), del director Michael Cimino, ganadora de cinco Oscar, entre ellos los de mejor película, mejor director y mejora actor de reparto (Christopher Walken).

Para la presentación y posterior coloquio contamos como siempre con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.
Tres años después de que finalizara la guerra de Vietnam se estrenaron múltiples películas que versaban sobre la enorme conmoción que esta había causado en la sociedad americana. De entre ellas, destacan claramente tres, “El regreso” (Hal Asby), “Apocalypse Now” (Francis F. Coppola) y “El cazador”, cada una de ellas centrándose en diferentes aspectos del conflicto.
«El cazador» aborda el impacto psicológico de la guerra, centrándose más en las cicatrices emocionales y mentales que afectan a quienes participan en conflictos bélicos, y critica la glorificación del heroísmo militar. Ya desde el comienzo de la película al espectador le invade un halo de pesimismo y melancolía, reforzado por la melodía de un tema dramático compuesto por Stanley Myers, “Cavatina”.
Como señaló Mª Eugenia, “El cazador” es sobre todo una reflexión sobre la amistad y sobre la necesidad de pertenencia del ser humano a una comunidad donde se sienta querido y protegido. Su vínculo se establece claramente en la primera parte de la cinta antes de ir a la guerra, ambientada en un pueblo obrero de Pensilvania, donde la vida cotidiana y las tradiciones comunitarias (como la caza de ciervos) reflejan una intimidad y un sentido de pertenencia. Esta amistad es puesta a prueba en el campo de batalla, donde las decisiones de vida o muerte revelan el carácter de cada uno.
Cimino ofrece una mirada compasiva, proponiendo que, a pesar de las cicatrices de la guerra, la amistad verdadera tiene el poder de ofrecer un consuelo y una conexión genuina en medio del trauma.

Para Javier, la clave de la película está en el simbolismo que representa el “one shot”, transmutando el arte de matar a un ciervo de un solo tiro en la angustia de la imprevisibilidad representada de forma elocuente por la ruleta rusa (no sabes si al día siguiente sobrevivirás al horror de la guerra).
La película tuvo una gran acogida de público y prensa especializada, aunque el director recibió numerosas críticas, especialmente por su representación del pueblo vietnamita y la precisión histórica de la ruleta rusa.
Uno de los grandes atractivos de la obra es la evolución de Michael, el cazador, interpretado por Robert de Niro. Un personaje embargado por una profunda angustia existencial, que no puede evitar sentirse al margen de todo y de todos, que apenas siente la necesidad de comunicarse con nadie, aunque aparentemente esté rodeado de gente, descubrirá en Vietnam que esos vínculos son los que le volverán humano y le harán que merezca la pena vivir.
La película se beneficia de la meticulosidad de Cimino, que tuvo un gran empeño en garantizar la autenticidad en la representación de la guerra y su impacto, Cimino realizó una investigación exhaustiva. Se consultaron numerosos informes y estudios sobre el estrés post traumático de los veteranos, así como experiencias reales de soldados que habían combatido en Vietnam. Estas investigaciones ayudaron al director y al equipo de producción a capturar la experiencia psicológica y emocional de los personajes.
Cimino, con la inestimable colaboración de Robert de Niro, dedicó mucho tiempo para buscar las localizaciones ideales. Visitaron numerosas acerías, asistieron a una boda ortodoxa, etc. Todo ello, con el fin de dotar de gran realismo a la cinta.
Además, reunió un equipo técnico competente, incluido el director de fotografía Vilmos Zsigmond, cuyo trabajo fue crucial para transmitir la atmósfera emocional y visual de la película. Los tonos naturales y la iluminación refuerzan el realismo y el impacto emocional de la obra. Utiliza contrastes visuales para subrayar el cambio en sus personajes: los verdes y marrones suaves de Pensilvania contra los colores opresivos de Vietnam, y la tranquilidad de la caza de ciervo frente a la violencia de la ruleta rusa. Cimino se centra en los detalles —los silencios, las miradas y las interacciones cautelosas— para narrar la historia de sus personajes que se enfrentan a un mundo transformado.

Javier destacó la gran importancia de la primera parte de la película, resultando un dibujo preciso y clave para entender las personalidades de los protagonistas y que contribuye a aumentar el impacto emocional de la segunda parte en el espectador.
Las actuaciones fueron un componente crucial de la película, y los actores principales, participaron en un proceso de preparación intensivo. Cada personaje aporta una perspectiva única sobre la experiencia bélica y sus repercusiones: Michael (Robert de Niro), como el líder fuerte y protector; Nick (Christopher Walken), quien sufre una transformación devastadora; y Steve (John Savage), atrapado en un conflicto que lo deshumaniza. Todos ellos, junto a John Cazale, Meryl Streep, George Szundza y Chuck Aspegren están formidables, creando un ambiente de camaradería de un realismo conmovedor. Curiosamente, este último no era actor, sino un trabajador de una de las acerías que se visitaron y que cautivó a De Niro.
John Cazale, por aquel entonces pareja de Meryl Streep, protagonizó la cara triste del rodaje, ya que le diagnosticaron un cáncer terminal poco antes de comenzar la producción. Debido a ello, Cimino cambió las fechas de rodaje con el fin de filmar todas sus escenas primero. Completó todas ellas, pero falleció en marzo de 1978, antes del estreno de la película.
De Niro considera este como el trabajo más completo de su carrera, por la exigencia del personaje y la dureza del rodaje.
Según destacó Mª Eugenia, la parte de la película dedicada al regreso es fundamental. Cimino aborda el impacto psicológico de la guerra en los veteranos a través de sus personajes, sobre todo Michael y Steve. Al volver a casa, enfrentan una desconexión entre lo que eran antes de ir a Vietnam y lo que son después. Michael, aunque físicamente ileso, lleva un peso emocional que lo separa de los que no vivieron la guerra. Steve, que regresa como un amputado, simboliza la ruptura del cuerpo y el espíritu causada por el conflicto. La película muestra cómo estos hombres luchan por reintegrarse en una sociedad que no comprende completamente las experiencias que han vivido.
El público valoró sobre todo el esfuerzo de Cimino por ofrecernos de forma tan realista una mirada introspectiva del horror de la guerra y sus repercusiones, y destacó la emotiva escena final, en la que los amigos entonan con un halo de tristeza el “God bless America”, sirviéndoles, sin embargo, para fortalecer su vínculo.
En resumen, una gran película que debería hacer reflexionar a los gobernantes sobre las implicaciones humanas de sus decisiones políticas y militares.
Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco
Fotos: Estrella Urzaiz, miembro del equipo de Eventos en Cines Zoco





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