El 30 de noviembre de 2024 nos visitó la directora Sandra Romero para presentar su película «Por donde pasa el silencio», acompañada por el actor Antonio Araque. Después de la proyección nuestros invitados mantuvieron un estupendo coloquio con los espectadores, al que se unió el director Rodrigo Sorogoyen.

Si recuerdan aquellos que oyeron el discurso de la última galardonada este mismo año 2024 con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, Marjane Satrapi, discurso cargado de una gran reflexión sobre el humanismo, que la historietista acabó citando a Saadi, poeta iraní del siglo XIII en su escrito que dice:
“Los seres humanos son parte de un mismo cuerpo y tienen un mismo origen. Cuando la vida causa dolor a un miembro, los demás no descansan. Tú que eres indiferente al sufrimiento de los demás, no mereces llamarte humano”.
En una Andalucía profunda, de esfuerzo, rutinas y pocas perspectivas, donde la droga circula no como fin sino como medio para soportar esa vida que asfixia, una familia se desnuda anímicamente estrellándose sus traumas, cariño y debilidades mutuamente, y abriendo en algunos de ellos la duda sobre las decisiones que condicionan su humanidad según Saadi.
Antonio (Antonio Araque) residente en Madrid, regresa a su pueblo de Écija, a pasar la Semana Santa, en donde reside su hermano mellizo Javier (Javier Araque), enfermo desde niño y con una tremenda aversión a su padre, y en general al mundo, fracasado en su matrimonio y dedicado a la cría de perros a los que llama su verdadera familia. Su hermana María (María Araque), una mujer joven, sin futuro, que trabaja sin ningún tipo de aliciente y trata de ayudar a Javier y a los padres. Su madre (Mona Martínez), una mujer cariñosa, maternal totalmente resignada y su padre (Nico Montoya) origen de conflictos, individuo gris y egoísta.
En el coloquio, Sandra explicó que el origen de la película fue el corto que realizó con el mismo nombre en el 2020. Su amistad con Antonio Araque, la vida que había mamado, secuencias reales que había vivido con la familia Araque y su militancia con ese andalucismo, derivó en la necesidad de escribir el guion y trasladarlo al exterior.
Antonio relató la magnífica, aunque a veces dura experiencia de rodar con sus hermanos, situaciones que sacaban lo mejor y peor de la realidad de esas vidas atormentadas por las culpas y a la vez por el profundo cariño que en el fondo se tienen y que se demandan, hasta llegar a la súplica, en el caso de Javier.
Hay secuencias con una carga emocional y una ejecución cinematográfica que dejamos a juicio de los futuros espectadores, pero a nuestro juicio impresionantes.
En la intervención del público se recordó “El Desencanto” de Jaime Chávarri, por ese abrirse en canal de una familia para mostrar sus luces y sombras, a lo que Sandra contestó que era una de sus películas preferidas y que Chávarri había sido su maestro y que efectivamente su influencia subyacía.
Otras intervenciones señalaron la dificultad de entender el lenguaje andaluz y la posibilidad de subtitular la película, ya que para el que no está acostumbrado se pierde en intentar entenderlo. Sandra se mostró, aunque incluso pidiendo excusas, muy militante en trasladar ese mundo tal como es y con ese lenguaje y sus giros. Parte del público aplaudió y comentó que a lo largo de la película se iba acostumbrando el oído cada vez más.
También se habló de la luz, escasa en algunas secuencias, donde no se distingue a los personajes, y que no solo ocurría en esta película. Rodrigo Sorogoyen explicó ante este aspecto que la evolución del cine y sobre todo el cine de la gran pantalla, se tiene que separar un poco de lo audiovisual, series, ordenador, donde estamos acostumbrados a una imagen nítida y a verlo todo. En su opinión, el cine actualmente busca aspectos entre otros como el oír al personaje más que verlo, y centrar la atención en las palabras o mensaje de ese momento.
Como dato anecdótico, hubo un espectador que se definió como sevillano, que no había tenido problema en cuanto a los diálogos, y que aplaudía el que se incidiera sobre mantener el lenguaje. Eso sí, dijo respecto a la enfermedad de Javier, aquejado de una escoliosis que le perturba la vida, cuya radiografía muestra y va indicando a su hermano Antonio cómo evoluciona, que el era radiólogo y que la radiografía que se mostraba en la película no había escoliosis alguna. La respuesta tanto de Sandra como de Antonio, fue tajante, la radiografía con la que se rueda la secuencia es la verdadera de Javier y ese es su gran problema desde que nace.
Grandes risas en el cine, que ayudaron a descomprimir la tensión de la historia y que con un lleno total y agradeciendo la presencia de los tres invitados, fueron despedidos con un fuerte aplauso.
Texto: Guillermo Adeva, socio de Cines Zoco
Fotos: Jesús Escudero, responsable de Eventos en Cines Zoco


Sinopsis: Antonio, de 32 años, tiene que volver a Écija, una ciudad en el interior de Andalucía, después de mucho tiempo. Es Semana Santa. Allí se reencuentra con su familia y con su hermano mellizo Javier que tiene una discapacidad física y necesita su ayuda. Antonio tendrá que manejar esta situación y enfrentase a una difícil decisión: quedarse y ayudar a los suyos o volver a la vida que ha construido fuera.


Al finalizar el evento nuestra invitada dejó el siguiente mensaje:




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