El pasado viernes 25 de febrero de 2022 proyectamos una de las películas que supuso una nueva visión en la forma de actuar, “La ley del silencio” (1954), del director Elia Kazan. Una crónica sobre la corrupción y violencia entre los estibadores del puerto de Nueva YorK, que estuvo nominada a 12 Oscar, obteniendo ocho, incluidos el de mejor película, director, guion, actor, actriz de reparto, montaje, fotografía y dirección artística.
Para la presentación y posterior coloquio contamos con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.

Antes de la proyección Javier y Mª Eugenia nos comentaron como el genio de Elia Kazan estaba en su plenitud, como director de cine y de teatro. Sus éxitos en Broadway (“Un tranvía llamado deseo” y “La muerte de un viajante”) y en Hollywood (“La barrera invisible”, “Un tranvía llamado deseo” y “¡Viva Zapata!!) le hacían uno de los directores más prestigiosos del panorama cultural americano. Por otra parte, su testificación en el Comité de Actividades Antinorteamericanas en 1952, delatando a antiguos compañeros del Partido Comunista, aunque le permitió seguir su carrera como director supuso granjearse la animadversión de numerosos colegas de profesión.
Tras la proyección nos indicaron cómo se gestó el guion. Aunque la idea original se la presentó Arthur Miller a su amigo Elia Kazan, este no se mostró muy entusiasmado con el escrito presentado y prefirió el texto más elaborado y documentado de Budd Schulberg, un guionista y escritor que conocía muy bien los vericuetos del mundo del cine y que también fue un delator. El mayor problema lo tuvo Kazan en encontrar una productora que realizase el proyecto. Después de haber recibido el rechazo de varias “majors” se consiguió el apoyo de un productor independiente, Sam Spiegel, que convenció a la Columbia para colaborar en la financiación del proyecto.

Mª Eugenia comentó que Kazán fue uno de los fundadores del famoso “Actors Studio”, la mítica escuela de formación de actores, de la que han salido estrellas como Marlon Brando, Montgomery Clift, Paul Newman, así como, una nutrida parte del reparto, Karl Malden, Eva Marie Saint y Rod Steiger. Lo que caracterizaba a estos actores era la aplicación del llamado “método Stanislavski”, del director escénico ruso Konstantin Stanislavski, que consistía en hacer que el actor experimente durante la ejecución del papel emociones semejantes a las que experimenta el personaje interpretado; para ello se recurre a la capacidad de improvisación y a la reproducción de emociones experimentadas en el pasado. Esta forma de actuar supuso una revolución y produjo una legión de seguidores que prefirieron este método al clásico que consistía en una interpretación más técnica (menos emocional).
El éxito de Kazan en la dirección de actores se tradujo en la nominación a los Oscar de los cinco principales, consiguiéndolo por primera vez, tanto Marlon Brando como Eva Marie Saint (en su primera actuación en una película). Curiosamente, el papel de Brando se le ofreció con anterioridad a Frank Sinatra (natural del propio lugar donde se iba a rodar la película, el puerto de Hoboken en Nueva Jersey), pero la productora estuvo dispuesta a poner más dinero si actuaba aquel.
También se destacó la poderosa y novedosa música de Leonard Bernstein, así como la magnífica fotografía de Boris Kaufman, contrastando la luminosidad en la azotea (palomar) con las escenas sombrías del puerto.
Javier señaló que la trama narrada sigue fielmente la situación real en la que vivían los estibadores de los puertos de Nueva York y Nueva Jersey, atenazados por la corrupción sindical y el crimen organizado, y que únicamente contaban con el apoyo de un sacerdote católico que intentaba convencerles de que sólo les quedaba la opción de rebelarse. Hay muchos críticos que ven en la historia de Terry Malloy (Marlon Brando), quién delata a sus antiguos compañeros mafiosos, la forma en que Kazan y Schulberg tienen de justificar su comportamiento ante el Comité.
El público destacó la interpretación de Brando, que refleja magistralmente la compleja dualidad de su personaje, sensible y a la vez brabucón, así como la bella historia de amor entre Edie (Eva Maríe Saint) y Terry, que permite a este evolucionar y redimirse gracias a ella.
Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco
Fotos: Ana Ferro, socia colaboradora





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