DIRECTORAS EN EL ZOCO. MARTA MATUTE presenta «Yo no moriré de amor»

May 29, 2026

El 27 de mayo de 2026 los Cines Zoco Majadahonda acogieron la presentación y coloquio de «Yo no moriré de amor», la primera película de la directora y guionista Marta Matute, en una conversación tan emocionante como necesaria sobre el Alzheimer, los cuidados y el enorme impacto que una enfermedad así tiene cuando entra en una familia.

EL CINE COMO MEMORIA Y CUIDADO: UNA CONVERSACIÓN NECESARIA ALREDEDOR DE YO NO MORIRÉ DE AMOR

Desde Cines Zoco recibimos a Marta con muchísimo cariño en un espacio que, como ella misma destacó varias veces durante el encuentro, representa mucho más que un cine. Habló del valor de iniciativas como Zoco como refugio cultural, lugares donde el cine todavía se vive como una experiencia cercana, compartida y profundamente humana.

Y precisamente eso fue lo que ocurrió durante el coloquio.

Lejos de los discursos teóricos o de los datos fríos, la conversación giró alrededor de algo muy sencillo y muy real: nadie está preparado psicológicamente para afrontar cómo una enfermedad degenerativa transforma poco a poco a alguien a quien quieres. Y quizá por eso la película conecta de una forma tan directa con el público, porque no intenta explicar el Alzheimer desde fuera, sino desde dentro de una casa, de una familia y de una hija que ve cómo su madre va desapareciendo lentamente frente a ella.

La dimensión del problema es enorme. En España, más de 800.000 personas sufren Alzheimer y otras demencias. Pero si incluimos a sus familias y cuidadores, estamos hablando de cerca de 5 millones de personas afectadas directa o indirectamente por esta realidad.

Marta Matute compartió durante el coloquio la experiencia personal que inspiró la película. Tenía apenas 19 años cuando comenzó a convivir con la enfermedad de su madre, una situación que la marcó profundamente y que, veinte años después, decidió transformar en cine.

Reconoció que revivir emocionalmente aquella etapa durante la escritura y el rodaje fue uno de los mayores retos de su vida. Durante la conversación surgió una pregunta inevitable: si hacer esta película había sido, de alguna manera, una catarsis personal. Marta respondió con total sinceridad que sí, que había sido como quitarse un peso de encima. Convertir todos aquellos recuerdos y emociones en cine le permitió mirar de frente una etapa muy dura y compartir algo que durante mucho tiempo había permanecido muy dentro.

También insistió en una idea importante: el Alzheimer y los cuidados no son solo un problema íntimo o familiar, sino también un reto social que necesita más comprensión, más apoyo público y más recursos.

Uno de los momentos más bonitos del coloquio llegó cuando explicó cómo encontró a la protagonista de la película, Júlia Mascort. Tras un casting en el que participaron unas 1.500 jóvenes, Marta contó que al verla por primera vez no tuvo ninguna duda de que era ella. Y el resultado ha sido espectacular, especialmente teniendo en cuenta que esta era también la primera película de Júlia Mascort.

Marta habló además de la conexión inmediata que surgió entre Júlia Mascort y Laura Weissmahr, algo fundamental para construir la verdad emocional de la historia. También destacó el trabajo de Sonia Almarcha y Tomás del Estal, explicando que fue “una delicia” ver cómo ambos se metieron en sus personajes desde el primer momento con una naturalidad impresionante.

Para preparar la película, el elenco visitó además una asociación de personas con Alzheimer y sus familias, con el objetivo de conocer de primera mano la realidad cotidiana de la enfermedad y de los cuidados. Una experiencia que marcó profundamente al equipo y que ayudó a construir interpretaciones llenas de verdad y humanidad.

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue cómo Marta Matute explicó que nunca quiso hacer una película sentimentalista o manipuladora emocionalmente. Su intención era reflejar una realidad dura, pero hacerlo desde la honestidad y la sensibilidad.

Y, sin embargo, en medio de toda esa dureza, apareció constantemente una idea luminosa durante el coloquio: la importancia del amor como motor. No un amor romántico o idealizado, sino ese amor cotidiano que sostiene, acompaña y permanece incluso cuando la memoria empieza a desaparecer. El amor entendido como quedarse, cuidar y seguir estando ahí cuando todo se vuelve difícil.

Precisamente por eso, la película funciona también como una llamada de atención sobre la necesidad de contar con apoyo público y acompañamiento cuando una familia atraviesa una situación así. Porque detrás del Alzheimer no solo hay dolor emocional, sino también agotamiento físico, incertidumbre económica y una enorme carga psicológica que demasiadas veces se vive en soledad.

Marta quiso agradecer además el papel fundamental del equipo artístico y técnico que hizo posible la película. Se declaró una “afortunada” por haber contado con un elenco tan comprometido y por la flexibilidad y el espíritu positivo de los productores durante todo el proceso.

También hubo espacio para hablar del futuro. Después de una experiencia tan intensa emocionalmente, Marta confesó que le gustaría embarcarse en nuevos proyectos quizá menos dramáticos o menos intimistas, aunque siempre manteniendo esa mirada humana y cercana hacia los personajes.

La directora reivindicó además la importancia de seguir abriendo espacio a más mujeres directoras y nuevas voces femeninas dentro de la industria audiovisual.

Y hubo un momento especialmente bonito cuando recordó que, mientras estudiaba Comunicación Audiovisual, jamás habría imaginado recibir algún día la Biznaga de Oro del Festival de Málaga por su primera película. Un reconocimiento que, según explicó, le confirmó que las historias pequeñas, íntimas y humanas siguen teniendo muchísimo valor en el cine.

Más allá de los premios, el coloquio dejó una sensación compartida entre todos los asistentes: la necesidad urgente de hablar más sobre los cuidados, de visibilizar lo que supone el Alzheimer para millones de familias y de entender que detrás de cada diagnóstico hay personas intentando sostenerse unas a otras.

Porque «Yo no moriré de amor» habla de enfermedad y memoria, sí. Pero sobre todo habla de amor, de fragilidad humana y de esa esperanza silenciosa que permanece incluso cuando todo parece desmoronarse.

Texto: Raúl Sánchez, socio de Cines Zoco

Fotos: Jesús Escudero, responsable de Eventos en Cines Zoco

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