El 20 de mayo de 2026 Cines Zoco Majadahonda acogió una nueva sesión de «Directores en el Zoco» con la proyección exclusiva para socios de “A la cara”, segundo largometraje de Javier Marco, seguida de un coloquio especialmente intenso con el público. El film llega a las salas tras un sólido recorrido en festivales.

A la cara nace directamente del cortometraje homónimo que Javier Marco dirigió en 2020, escrito junto a Belén Sánchez-Arévalo, y que le valió el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en 2021. Aquel corto, de unos catorce minutos, ya planteaba el encuentro entre Lina, una popular presentadora de televisión, y uno de los haters que la insultan de forma anónima en redes sociales, cuando ella decide ir a su casa para “ponerle cara” a ese odio. La creciente crispación en redes y la necesidad de hablar de las consecuencias reales que puede tener un tweet lleno de odio, tanto para quien lo escribe como para quien lo recibe, serían la clave para el éxito del corto, que, a su vez, hizo casi inevitable el salto al largometraje, manteniendo a Manolo Solo y Sonia Almarcha como protagonistas.
El largometraje retoma el punto de partida del corto, pero no se queda ahí: Pedro abre la puerta de su casa esperando a un posible compañero de piso y se encuentra con Lina, la víctima de su acoso en línea. Lo que comienza como un choque frontal y violento, se transforma en una convivencia extraña, casi forzada, en la que ambos personajes se convierten en espejos incómodos el uno del otro.
La soledad, la culpa y las heridas abiertas en la relación con sus hijos, que se revelan como un terreno común inesperado entre víctima y agresor. Es de resaltar cómo el film convierte un tema tan contemporáneo como el odio en redes, en un drama sobre la posibilidad de empatía y redención cuando desaparecen los filtros de la pantalla. Quizás da igual el medio, el cine y la vida siempre tratan de seres humanos.
La fotografía abraza un naturalismo muy controlado, con una luz que parece sencilla pero que subraya minuciosamente los cambios de poder entre Lina y Pedro a través de sombras, contraluces y variaciones de temperatura de color. La paleta tiende a tonos apagados, terrosos y grises, que dialogan con la sensación de desgaste emocional de ambos personajes y evitan cualquier estilización que pudiera banalizar el conflicto.
En cuanto a la puesta en escena, la cámara se acerca sin prisa a los rostros, rehúye el barroquismo visual y se coloca a menudo a la altura de los personajes, como si el propio encuadre se viera obligado a escuchar lo que se dicen.
El director juega con la proximidad física —el sofá, la mesa de la cocina, el umbral de la puerta— como líneas de batalla que se cruzan y se desdibujan a medida que avanza la convivencia. Los cambios de eje, los pequeños reencuadres (acompañados de una perfección impresionante a la hora de “hacer el foco”) y el uso medido de planos secuencia contribuyen a que el espectador perciba, casi corporalmente, cada avance y cada retroceso en la negociación emocional entre los protagonistas.
Es imposible continuar la crónica sin hablar de Manolo Solo y Sonia Almarcha, que retoman los personajes que ya encarnaron en el cortometraje, y el largometraje les ofrece un lienzo mucho más amplio para explorar sus contradicciones. Él compone un Pedro frágil, encerrado en una soledad rencorosa que encuentra en el anonimato digital una vía de escape, mientras que Lina es una mezcla muy precisa de dureza profesional y vulnerabilidad íntima. Pocos actores te aguantan un plano como el de la primera “entrevista” en casa de Pedro.

Tras la proyección, el coloquio en Cines Zoco se convirtió en una prolongación natural de la película: un debate vivo, por momentos encendido, en el que el público interrogó al director sobre los límites de la empatía y la responsabilidad de quienes insultan desde la comodidad del teclado. Se hablaron de posibles finales alternativos —más punitivos, más conciliadores— y de cómo cualquier variación en la resolución desdibujaría el delicado equilibrio entre justicia, perdón y ambigüedad moral que propone la película. Fiel al espíritu de la sección «Directores en el Zoco», donde los cineastas dialogan de tú a tú con el público, Javier Marco se mostró cercano, accesible y muy disponible para responder a cada intervención de la sala.
En definitiva, la sesión exclusiva para socios de “A la cara”, no fue solo la presentación de un estreno, sino una auténtica experiencia de cine compartido: una película que interpela al espectador y un coloquio donde las preguntas, las discrepancias y las emociones encontraron espacio para expresarse. La combinación de un texto incisivo, una puesta en escena sobria y dos interpretaciones en estado de gracia confirma a Javier Marco como un director al que merece seguir la pista de cerca.
Como se puede adivinar, fue un evento bastante emotivo. Eventos como este solo tienen sentido porque todavía existen lugares donde el cine se ve en pantalla grande y se comenta después en comunidad, lejos del algoritmo y del scroll infinito. Que “A la cara” llegue a las salas españolas a finales de mayo, es una invitación perfecta para volver a sentarse en la oscuridad y confrontar, juntos, las preguntas incómodas que plantea. Y pocas cosas hay más coherentes con el espíritu de la película que hacer precisamente eso: ir al cine, mirar de frente y dejar que la ficción nos obligue a pensar qué decimos… y cómo lo decimos.
Texto: J. M. Abadia, colaborador de Cines Zoco
Fotos y Video: Jesús Escudero, responsable de Eventos en Cines Zoco

Al finalizar el evento nuestro invitado nos dejó el siguiente mensaje:




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