La visita del director barcelonés José Luis Guerín el 11 de febrero de 2026 presentando su último documental, «Historias del buen valle», que, precisamente, tiene su estreno comercial esta semana, es todo un acontecimiento para nuestra sección “Directores en el Zoco”, porque se trata de uno de los creadores más personales del cine de autor español contemporáneo, siguiendo la estela de reconocidos directores como Basilio Martín Patino -Guerín abrió su filmografía con «Los motivos de Berta» (1984), cuyo título es posible alusión a «Nueve cartas a Berta» (1966) de Martín Patino- o Víctor Erice -cuya «El sol del membrillo» (1992) fascinó a Guerín-. El coloquio posterior a la proyección fue, para el que esto escribe, toda una lección de clarividencia cinematográfica, en el que comentó, pormenorizada y muy didácticamente, los entresijos y objetivos perseguidos con su última película.

La cinta está centrada en uno de esos barrios de la periferia de la capital catalana, Vallbona, al que se refiere el propio título del filme, especie de “isla” delimitada por autopistas de circunvalación, vía férrea y el río Besós, que se nutrió de la emigración de población del Sur peninsular en la época del desarrollismo franquista y que hoy es una ciudad dormitorio, crisol de gentes de diferentes países; hasta 12 idiomas diferentes pueden escucharse durante el metraje. El germen de la película surgió de una exposición fotográfica celebrada en el año 2024 en el MACBA barcelonés, “Una ciudad desconocida bajo la niebla. Nuevas imágenes de la Barcelona de los barrios”, siendo Vallbona el que a Guerín le tocó en suerte, rodando para la ocasión un corto en super 8 y en blanco y negro, que parece hacernos retroceder en el tiempo cuál NODO y algunos de sus fragmentos como si de un raro metraje encontrado se tratara -recordemos su «Tren de sombras» (1997)- abren también estas Historias, a modo de introducción histórica de lo que veremos.

Guerín visitó el barrio durante aproximadamente dos años y medio; al principio, como puede verse en la primera parte del documental, organizó una convocatoria vecinal buscando esos personajes anónimos que se animaran a contar la historia del barrio, y, a partir de ahí, fue ganándose la confianza de sus gentes, en eso que él llama “trabajo improductivo”, atisbando y reconociendo aquellos vecinos que luego serían los personajes de su relato. A partir de aquí, el rodaje se realizó en unas 30 sesiones donde su equipo captó esas escenas que conformarían la trama: una animada celebración con guitarra y palmas en la terraza de un bar; una comida y sobremesa entre amigos; el cultivo de los huertos que riega el canal Rec que cruza el barrio; un chapuzón veraniego en el río, y un buen número de conversaciones cotidianas, incluso de la intimidad de los vecinos, revelada por la presencia de esas cámaras invisibles que parecen confesar a los personajes: uno de los vecinos más antiguos recordando su llegada al pueblo y sus vivencias con su mujer ya fallecida; una abuela contando un cuento a su nieta; una mujer intentando rescatar los recuerdos que su marido con Alzheimer. Incluso, la misa velatorio por ese vecino que en las escenas iniciales relataba sus recuerdos, fallecido durante el periplo del rodaje, que culmina con un himno de toda la comunidad allí congregada.

Todo ello en una suerte de “work in progress”, que es como el propio Guerin lo define, sin un guion previo sino como buen “escritor de imágenes” (Guerin dixit), el filme se iba construyendo conforme iba visionando las primeras jornadas de rodaje y lo que estas le iban sugiriendo. Guerin busca conformar en el microcosmos de este pequeño barrio, de las vivencias de sus gentes, trabajadores, viejos, niños, emigrantes, de sus cantos y también de sus tristezas, de sus añoranzas, una isla que representa esa aldea global donde las gentes conviven a pesar de sus diferencias, una cotidianidad rica y abigarrada, que actualmente se ha perdido en el centro de las grandes ciudades convertidas en parques temáticos para pasto turístico.
Una espléndida película y coloquio posterior en el que el maestro barcelonés no ahorró detalles, simpatía y sabiduría cinematográficas.
Texto: Gabriel Rodríguez, miembro de la Junta Directiva de CInes Zoco
Fotos y Video: Jesús Escudero, responsable de Eventos en CInes Zoco

Incluimos un video que incluye algunos momentos del coloquio así como el mensaje que nos dejó el director:




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