Dentro del ciclo de cine clásico, de vez en cuando hay que retomar el oeste americano. En esta ocasión, el 13 de marzo de 2026, proyectamos “Cielo amarillo” (1948) del estupendo director William Wellman, aunque algo olvidado para el gran público. Se trata de un western atípico, más cercano al cine negro.

Para la presentación y posterior coloquio contamos como siempre con la presencia de Mª Eugenia Guzmán, cinéfila y crítica especializada en cine clásico, y Javier López Otaola, experto en historia del cine y miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco.
Después del éxito que tuvo Wellman con “Incidente en Ox-Bow” (1943), una estupenda película que ahonda sobre la moralidad, la justicia y la violencia colectiva, se planteó con el mismo guionista, Lamar Trotti, hacer de nuevo un western psicológico. Para ello, tomaron como base una historia escrita por W.R. Burnett, conocido también por sus obras adaptadas al cine como «Little Caesar», “El último refugio” y «La jungla de asfalto». Como anécdota, Javier comentó que el comienzo de las dos películas es exactamente igual: unos individuos llegan a un pueblo, se adentran en el saloon (el mismo set de rodaje), piden un whisky (el camarero es el mismo actor) y observan un cuadro de una mujer.
Como señaló Mª Eugenia, la película navega por varias temáticas centrales, pero la evolución moral y la posibilidad de redención son las más destacadas. La película aborda la lucha interna del líder de la banda, Stretch Dawson (Gregory Peck), quien enfrenta un dilema ético cuando su grupo llega al pueblo fantasma de Yellow Sky. Están allí para buscar un tesoro escondido, pero se encuentran con la joven «Mike» (Anne Baxter) y su abuelo, lo que plantea una confrontación entre el deseo de riqueza y el despertar de la conciencia.
La película explora los temas de confianza y traición. A lo largo de la narrativa, los forajidos muestran diferentes facetas de lealtad y egoísmo. Las interacciones entre los personajes ponen de relieve cómo, en circunstancias extremas, la moralidad puede ser flexible y cómo las relaciones personales pueden ser tanto una fuente de cambio como de conflicto.
El desierto mismo, vasto y vacío, simboliza el estado interno de los personajes: desolado y en busca de propósito. Esta conexión entre el entorno y los personajes resalta la lucha entre el instinto primario de sobrevivir y el deseo de hacer lo correcto.

William A. Wellman fue un director prolífico de la era dorada de Hollywood, que comenzó en el cine mudo (su película “Alas” de 1927, es la primera en ganar un Oscar a la Mejor Película), siendo conocido por su versatilidad y habilidad para adaptar diferentes géneros cinematográficos, desde dramas a comedias, pasando por películas de guerra y westerns. Pero la carrera cinematográfica del director fue un tanto irregular, alternando magníficas películas con obras menores, derivada entre otras cosas por su carácter arrogante e irascible que le granjeó muy mala fama entre las productoras (llegando a ser expulsado de varias de ellas).
Para Javier, uno de los grandes atractivos de la película es el estilo inusualmente seco que Wellman le imprime, sensación que se enfatiza por los escasos diálogos, la ausencia de banda sonora en la mayor parte del metraje y por la poderosa fotografía en blanco y negro (los contrastes fuertes y el uso de la luz natural añadían una autenticidad visual que se alineaba con la crudeza de la narrativa). Además, el árido paisaje del Valle de la Muerte donde fue filmada fue un factor crucial para la ambientación de la película, enfatizando el aislamiento y la tensión de los personajes.
El uso del sonido en «Cielo Amarillo» es notable por su capacidad para intensificar el ambiente áspero y desolado del entorno. En una época en la que el sonido en el cine estaba evolucionando, Wellman utiliza los efectos sonoros para reforzar la sensación de aislamiento y tensión. Los sonidos del viento, el crujir de la madera y el silencio omnipresente en el desierto actúan como una extensión del vacío emocional y físico que enfrentan los personajes.
Mª Eugenia puso en valor la arrolladora personalidad de la protagonista femenina (magnífica Anne Baxter), como una mujer fuerte que se resiste firmemente ante un grupo de forajidos que intenta someterla (y poseerla), como si fuera un objeto. Y es que el protagonismo de una mujer en un western era muy novedoso para la época (todo un antecedente de Joan Crawford en “Johnny Guitar” de Nicholas Ray) y Barbara Stanwyck en “40 pistolas” de Samuel Fuller).
Las interpretaciones del resto del elenco son impecables. Gregory Peck se luce aportando una cierta ambivalencia al ser tan rudo como honesto y Richard Widmark, como antológico villano, individualista, codicioso y egoísta.
En sus intervenciones el público destacó dos aspectos del film, la gran tensión que provocaba el uso de los claro-oscuros en las secuencias nocturnas y el novedoso desarrollo fuera de campo de la secuencia del duelo final.
Texto: Javier López Otaola, miembro de la Junta Directiva de Cines Zoco
Fotos: Luis Iriarte, trabajador de Cines Zoco





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