El lunes 26 de enero de 2026 tuvo lugar la proyección de la película «Rondallas» del director Daniel Sánchez Arévalo, con una notable asistencia de público. El evento contó con la presencia de las actrices Judith Fernández y Lola López, hermanas en la ficción, quienes participaron al finalizar la proyección en un coloquio cercano, ameno y entrañable, compartiendo impresiones sobre la película y su experiencia en el rodaje.

Presentada en la 73ª edición del Festival de San Sebastián y estrenada comercialmente el 1 de enero de 2026, la película sitúa su acción en una comunidad que decide reactivar su rondalla tradicional: una agrupación musical intergeneracional en la que conviven gaitas, bandurrias, percusión, niños y ancianos. El objetivo inmediato es competir en un certamen contra los pueblos vecinos; el verdadero propósito, mucho más íntimo y necesario, es volver a mirar hacia delante.
Sánchez Arévalo regresa al cine coral que tan bien maneja, equilibrando drama y comedia con mucha naturalidad. El duelo está presente, pero no lo invade todo. Hay espacio para la risa, para el conflicto —especialmente en el choque entre tradición y modernidad cuando la rondalla se atreve a versionar temas de rock— y para esa retranca gallega que suaviza lo trágico sin restarle profundidad.
Dos años después del naufragio que desgarró a un pequeño pueblo marinero de la costa de Pontevedra, el silencio pesa más que el duelo. Las ausencias siguen ahí, pero la vida empieza a pedir paso. Rondallas, parte de esa herida abierta para construir un relato profundamente humano sobre la resiliencia colectiva, el valor de lo popular y la necesidad de volver a ilusionarse.
El reparto respira verdad. Javier Gutiérrez destaca como uno de los motores del renacimiento musical, un personaje que canaliza sus propias pérdidas a través del compromiso con la comunidad. María Vázquez y Tamar Novas aportan autenticidad y arraigo, mientras que la joven Judith Fernández, junto a Fer Fraga, protagoniza una historia de amor distinta y entrañable, tratada con una delicadeza poco habitual en el cine español reciente.
Más allá de su etiqueta de feel good movie, Rondallas tiene cuerpo y alma. No es una película ingenua: entiende que la resiliencia no consiste en olvidar, sino en aprender a tocar una nueva melodía con las cuerdas que quedan. La música funciona como lenguaje común, como puente entre generaciones y como herramienta de sanación emocional.
Carlos Boyero ha destacado su calidez y su defensa de lo popular, y no le falta razón. Estamos ante una celebración del cine sin pretensiones, pero también sin fisuras. Una de esas películas a las que no se les concede un diez por prudencia, pero a las que tampoco se les puede reprochar nada de peso.

Rondallas reconcilia al espectador con la idea de un cine hecho para compartir emociones. Casi dos horas de cine luminoso, sencillo y profundamente humano, que devuelve la fe en las personas, en la comunidad y en ese amor cotidiano que, sin grandes discursos, termina salvándonos. Un regalo inesperado y, sin duda, una de las películas más cálidas del cine español reciente.
Tras la proyección, el coloquio con el equipo fue tan cercano como la propia película. El público mostró un interés especial por el proceso humano que hay detrás de Rondallas. Varias preguntas se centraron en el casting y el origen de los intérpretes. Judith explicó que, más allá del talento, se buscó verdad, conexión con el territorio y la capacidad de integrarse de forma natural en una comunidad muy reconocible.
Una espectadora destacó que la película funciona como un auténtico oasis de paz en un momento social marcado por la crispación y la incertidumbre y que diariamente hace mella en la salud mental, tema también retratado en el film a través de los personajes más jóvenes y que quiso destacar Judith, la actriz, agradecida a Daniel Sánchez Arévalo por fijarse en ello e incluirlo en su historia.
Se puso en valor el trabajo de las actrices, especialmente la madurez interpretativa la más joven del reparto, capaz de transmitir fragilidad y fortaleza sin artificios, algo muy celebrado por el público.
Sobre el rodaje, las actrices lo definieron como intenso, pero profundamente enriquecedor, marcado por la convivencia, el trabajo coral y la implicación del propio pueblo, que acabó convirtiéndose en un personaje más de la película. El rodaje se prolongó durante aproximadamente dos meses, tiempo suficiente para crear vínculos reales que se reflejan con claridad en la pantalla.
Texto: Clara Quesada, miembro del Equipo de Eventos en Cines Zoco
Fotos y Video: Jesús Escudero, responsable de Eventos en Cines Zoco

Al finalizar el evento nuestras invitadas nos dejaron el siguiente mensaje:




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